viernes, 21 de noviembre de 2014

Jaiei-Sara

después de "Vayera" ésta porción de la Torá es un bálsamo para los sentidos. si uno la leyera en voz alta, aun si no fuera en el hebreo original sino en español (o el idioma que fuere), estoy seguro que podríamos sentir la cadencia poética, el sentido del ritmo, la repetición de las fórmulas idiomáticas y temáticas; todo contribuye a hacer de esta parashá una verdadera joya literaria en su sentido más estricto: estética y construcción de significado. no que "Jaiei-Sara" sea poesía; por el contrario, es ficción y narrativa de primer nivel, precursora de las grandes historias románticas que conoceremos mucho más adelante en la historia del Hombre. pero a la vez que claramente surge ante nuestros ojos de la mejor tradición oral de la cual abreva la Torá, la belleza de sus situaciones y formulaciones hacen de "Jaiei-Sara" un verdadera joya literaria.

esta porción que se titula "vidaS de Sara" alude sin duda a las diversas vicisitudes que atravesó nuestra matriarca en su vida: sus roles, sus renuncias, su padecer, su incredulidad, su risa, su temperamento firme. sara fue un personaje complejo, lo que E.M. Forster llamaría "round character". está parashá comienza narrando la muerte de sara y finaliza narrando la muerte de abraham. esta es la primer historia de amor: después de un largo y complejo periplo, después de mentiras, huidas, y ardides, después de asumir roles patriarcales y matriarcales ejemplares para las generaciones venideras (hasta la nuestra), abraham y sara descansan juntos. al final del camino, abraham supo y procuró un pedazo de tierra propia para descansar en paz junto a su mujer de toda la vida.  así como el fallecimiento de sara abre el texto, la muerte de abraham lo cierra. es casi perfecto.

entretanto se desarrolla la segunda historia, la de itzjak y rivka. itzjak es una figura menor dentro de la línea patriarcal, una figura pasiva y a merced de los otros. en la porción que nos ocupa el sirviente de abraham es quien encuentra para itzjak una esposa. si bien por breve e intenso el encuentro entre los primos-esposos es de una belleza e intensidad cinematográficas, la principal relación se construye entre el siervo de abraham y rivka, la jóven que le da de beber a él y sus camellos y que así se gana su derecho a convertirse en la segunda matriarca. no tiene sentido recrear ni explicar las escenas en torno al pozo de agua o en el campamento de labán, hermano de rivka, el original merece leerse y supera ampliamente a "Love Story" como narrativa y como situación verosímil.

comentario aparte merecen los formulismos de negociación y acuerdos incluidos en esta parashá: abraham adquiriendo la cueva de la Macpelá para enterrar a sara, y el siervo de abraham negociando para llevarse a rivka y cumplir su misión. Paul Johnson en su "Historia de los Judíos" comienza su narrativa histórica precisamente en este punto, cuando abraham negocia la compra del predio. el tipo de lenguaje y formulación indican, según Johnson, que nos hallamos ante un texto de validez histórica, no meramente mítico. si bien no podemos argumentar en un sentido u otro, hay un lenguaje judrídico y hay formulismos que pautan el acuerdo, el cual es respetado por todos los presentes. es más: "Jaiei-Sara" lidia con temas de convivencia entre pueblos: todos los conflictos son resueltos mediante la negociación, la palabra, y la buena voluntad de los hombres. parece difícil de creer a la luz de los actuales acontecimientos en la misma zona del mundo, de características tan tribales y familiares como entonces.

volviendo al lado más humano y romántico de la historia, nada más sugestivo que Génesis 24:67:
"Entonces Isaac la condujo a la tienda de Sara su madre y tomó a Rebeca que se volvió su mujer. La amó y se consoló de la muerte su madre gracias a ella." desconozco si Sigmund Freud trabajó sobre este texto en forma similar a su trabajo sobre Moisés, pero a los ojos de los lectores del siglo XXI el "edipo" salta a la vista. uno puede imaginar a un itzjak, hijo de la vejez, sobre-protegido y desconsolado ante la pérdida de su madre. más aún cuando su padre procreaba hijos hasta sus últimos días y debía atender a una multitud de hermanos, desde ismael a los hijos de keturá al final de la parashá. no en vano ésta cierra con las genealogías de abraham. itzjak, sin embargo, se refugia en su enamoramiento de rivka y encuentra en él consuelo. un psicólogo diría que es un edipo bien resuelto.

"Jaiei-Sara" fue un bienvenido cambio en la lectura conflictiva y compleja en que veníamos embarcados desde "Bereshit". tiene una unidad de estilo y tema que la hacen única entre lo que hemos leído hasta aquí. desconozco si la crítica bíblica encuentra varias fuentes en este texto; probablemente sí. pero de todos modos es un maravilloso cuento corto de amor, fino humor, y sublime tristeza por el fin de una era y el comienzo de una nueva. es una hermosa lectura llena de paz, esperanza, y consuelo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

"Vayerá"

como sugiere el título de esta parashá, la misma tiene mucho que ver con "poder ver", "reconocer".

en el primer versículo dios se aparece ante abraham en el momento más caliente del día. dios no es una voz que actúa y demanda sino que comienza a tomar formas humanas en estos tres anónimos que se aparecen y son agasajados por abraham. el agasajo en sí se convertiría luego en uno de nuestros principales preceptos, la invitación al huésped y extranjero. estos "hombres" anónimos son recurrentes en esta parashá cuando un poco más adelante salvan a lot de la destrucción de sodoma y gomorra; también vuelve a aparecer un "hombre" que lucha con iaacov (el nieto) en Génesis 32:24. cuando íbamos a la escuela a estos seres misteriosos los llamábamos ángeles. llámense como se llamen ellos escapan la lógica verosímil del mundo real y responden al divino, en este constante diálogo entre ambos niveles, tan cotidiano y coloquial en Génesis. estos tres hombres anuncian nada menos que la descendencia, itzjak, de modo que se cumpla la promesa, la parte de dios en el pacto. cualquier similitud con otras anunciaciones no es casualidad.

luego aparecen los dos ángeles que visitan a lot y éste salva de la muchedumbre lujuriosa de la ciudad donde había recalado. son llamados ángeles pero codiciados y protegidos como personas reales, concretas, y pasibles de ser deseadas (por más abominable que sea el deseo para dios). la lucha de lot en la puerta de su casa defendiendo a estos visitantes es digna alabanza. su posterior escape no es sólo milagroso sino espectacular en todo sus suspenso. el recurso de la ceguera que evita que los habitantes de sodoma  puedan apresar a lot, su familia, y sus visitantes, es una suerte de inversión del mito de Tiresias: estos son ciegos y efectivamente no podían ver. de hecho, en términos divinos, ya no eran capaces de "ver", "reconocer" a dios desde siempre: el preámbulo de la destrucción de sodoma y gomorra está ya planteado en "Lej-Lejá". quien sí quiere ver aquello que específicamente se le comandó no ver es la mujer de lot y se convierte en estatua de sal. un versículo (Génesis 19:26) tan breve  y simple y sin embargo ha capturado la imaginación de generaciones, desde las láminas de Doré hasta el cine hollywoodense. doy fe que capturó mi imaginación como niño: la primera vez que bordeé el mar muerto no cesaba de buscar la estatua de sal de la mujer de lot... mirar atrás es no avanzar.

la parashá plantea otros varios asuntos no menos simples: el tema de los hijos, otra vez uno preferido y otro denostado, itzak e ishmael, respectivamente; aunque dios hace lo suyo y compensa al segundo respecto al primero (ha evolucionado algo desde caín y abel). este tema de hijos, primogenituras y bendiciones no es sólo recurrente, sino central: nuestra genealogía bíblica se va construyendo en función de hijos postergados en beneficio de otros beneficiados (nuestros patriarcas). su punto culminante será la historia de josé y sus hermanos. disgresión aparte, hay dos temas no sólo complejos sino oscuros: las hijas de lot procreando a través de su padre, y la relación de abraham con abimelej. la endogamia (casarse dentro de la familia, luego dentro de la tribu, en suma, no casarse fuera del pueblo) por un lado y la convivencia con el vecino por otro. no podríamos pensar en dos conflictos más actuales y relevantes que estos: los casamientos "mixtos" y nuestra relación con "los otros".

pero puertas adentro, cuando miramos a nuestro interior (historia, tradición, fuentes), elijo dos episodios dentro de está semánticamente densa porción de la Torá: la "atadura" ("el sacrificio") de itzjak, y el fecundo y detallado diálogo de abraham con dios respecto a sodoma y gomorra y los justos que allí habitan. en su libro "Mis Héroes" (Haguiborim sheli) Yair Lapid hace una lectura un tanto crítica de abraham el patriarca proponiendo que es un hombre manejable, manipulable, sumiso. el episodio del inminente sacrificio de su único hijo por la mera orden divina apunta a esa interpretación. sin embargo, a poco de comenzar la parashá, pasada la anunciación de sara, abraham encara uno de sus mayores enfrentamientos, nada menos que con dios mismo. en Génesis 18:24 abraham dice: "¿No ha de hacer justicia el Juez de toda la tierra?" que también podría decirse: ¿no hará juicio el juez de toda la tierra? La negociación de abraham con dios, muy similar un regateo levantino, poco tiene que ver con la sumisión y obediencia de dios cuando se le manda sacrificar a su hijo. abraham, tal como se nos enseñó en la escuela, ¿demuestra su obediencia y fe al disponerse al sacrificio (holocausto)? o más bien su fe en la justicia divina es tal que sabe que dios proveerá una alternativa para el sacrificio. el dios que castigó tan duramente el fratricidio no sería capaz de causar un filicidio. abraham sabe que dios destruyó gomorra pero salvó al único justo, su sobrino lot. abraham sabe que su hijo nació por gracia divina, en el tiempo que dios dispuso. sabe, por lo tanto, que dios no destruirá su propia creación, tal como prometió después del diluvio.

"Akedat Itzjak" merece una lectura aparte; tal vez por eso nuestros sabios la incluyeron en el segundo día de Rosh Hashaná. también merecería una entrada aparte en este blog. "Vayerá" es una porción muy desafiante y compleja, tan rica en hechos, tantos giros en la trama. su densidad, su economía, su narrativa vertiginosa, resultan un tanto sobrecogedoras. cualquiera de sus episodios merece un estudio y una dedicación muy especiales. pero si intento ver un hilo conductor, una idea que atraviese todos estos episodios, me quedo con la primer propuesta: "Vayera" tiene que ver con nuestra capacidad de ver, reconocer, y actuar. reconocer que hay fenómenos que nos exceden, acciones que no controlamos, situaciones injustas. aun así, siempre nos queda un recurso: actuar, incidir. dialogar, incluso discutir, con dios.

parece mentira que tal concepto estuviera tan claramente planteado en el principio de nuestro principio. que la Torá no está en el cielo (Deut. 30:12) sino entre nosotros. no sólo el conocimiento no es patrimonio exclusivo de lo divino, sino que los valores y el sentido de justicia surgen de nuestro diálogo con dios.

viernes, 31 de octubre de 2014

Lej-Lejá

en primer y segunda lectura esta porción de la Torá es de una trama y estructura mucho más compleja que las anteriores. no por los asuntos que  las ocuparon, todos por ciertos complejos, sino por la forma en que estos se organizan en el texto. "Bereshit" y "Noaj" tienen cierta línearidad que se va perdiendo. "Lej-Lejá" tiene una potente narrativa pero a su vez resume y apunta a cuestiones esenciales y recurrentes de aquí en más.

sin embargo, "Lej-Lejá" tiene una frase, un "pasuk" excluyente, que le da el título:

"Vete de tu tierra, de tu familia, y de la casa paterna a la tierra que te señalaré" (Génesis 12:1)

el hebreo original es un tanto más complejo y potente. para empezar, "lej-lejá" es casi imposible de traducir, siendo como es difícil de entender en el hebreo bíblico original. lo que la traducción llama "familia" el original llamá "moledet", que tiene que ver con patria. la sucesión de la orden va de afuera hacia dentro: tierra, patria, casa paterna, para ir a otra tierra que se le indicará. no hay simetría: lo que se deja es mucho más en cantidad y peso semántico que lo que se promete. por eso enseguida llegan las promesas, que se repetirán de aquí en más. por eso precisamente la voz "lej-lejá" es tan particular: es una partida objetiva, de traslado, pero es además un proceso interior. dejar "la casa paterna" es empezar a crecer, a separarse, a particularizarse. proceso que culminará con el cambio de nombre y la circuncisión.

con "Lej-Lejá" comienza el fenómeno sionista cuando aun no había ni Sión ni nacionalismo. también es nuestra razón de anhelar y en definitiva morar en esa tierra y no en otra. el discurso religioso lo hace muy simple: dios lo dispuso y lo ordeno, incluso marca los límites de la tierra prometida. sin embargo el texto no sólo reconoce que había moradores en la tierra sino que se esfuerza en nombrarlos y describir la interacción de abram y su familia con ellos. no era simple. abram parece ser un hombre de paz, razonable, y consciente de su condición de recién llegado. si bien va tomando posesión de territorio, no es ciego al entorno. dios empuja más de lo que el propio abram está dispuesto a avanzar. abram es un hombre sumiso, lo que algunos llaman "temeroso de dios". de abram a josué el conquistador distan no sólo muchas generaciones, sino un cambio drástico de forma de ser. si tomamos a los personajes no cómo seres reales sino como símbolos o metáfora del pueblo, los cambios son radicales entre el Pentatéuco y el libro de los Josué.

en esta porción también aparece Egipto como refugio y fuente de cambio y conflicto. no bien llegamos a la tierra prometida, debemos partir en busca de alimento al más desarrollado Egipto. como en una gran novela del siglo XIX, aparecen todas las pistas que se desarrollarán más adelante en la trama: servidumbre, plagas, engaños y mentiras, hermanos, cuestiones de primogenitura y herencia, sueños, conflictos con los vecinos, conflictos en la familia, y las promesas. dios promete y promete, abram acata y acata. saray se ríe. una risa irónica y primitiva acerca de la ironía del destino de ese pueblo que comienza a configurarse: vivir entre la realidad y las promesas, luego mandatos, divinos. en la Torá siempre prevalece dios, aunque la genealogía de Abraham hará lo suyo.

en otras palabras, desde el principio, dios y el hombre dialogan. sólo que ahora dios apartó un hombre y su familia, que devendrán en pueblo, para sí. por ahora, y por un buen rato, dios manejará el destino de "su" familia elegida; más adelante no será tan sencillo. ya iaacov no pudo manejar las situaciones como las manejaba su abuelo.

"Lej-Lejá" es sobre la tierra prometida, es sobre la promesa y la elección, pero es sobre el pacto. el pacto no es mera palabra, sino acción: circuncidarse. difícil pensar en señal (por íntima que sea) más contundente de separación entre un grupo y el resto de los grupos. no por visible, sino por su fuerza en quienes son objeto de la misma. hoy en día la circuncisión identifica a un judío, o no; pero lo cierto es que la ceremonia que seguimos cumpliendo aun en los medios más laicos es el acto más fuerte de afirmación de nuestra pertenencia al pueblo. no para el niño de ocho días sino para los mayores que cumplen el precepto.

"Lej-Lejá" comienza con una promesa y finaliza con pacto. la promesa no es gratis. con el correr de los siglos aprenderemos que eso de ser "elegidos" no es necesariamente una bendición en el sentido más simple, en el que recibimos todo lo bueno y sublime. en el personaje de Abraham nuestro patriarca hay algo pasivo, algo de resignación, una rectitud hasta ingenua en su conducta. por cierto sus hijos, nietos, y bisnietos, y los pueblos que engendró no serán como él. pero el pacto ya está acordado, y sellado.

viernes, 24 de octubre de 2014

Noaj

después de la vorágine creadora que supuso "bereshit", "parashat noaj"supone una suerte de marcha atrás del impulso creador. como en una buena telenovela o serie, "bereshit" dejaba planteado un problema y una pista. "Noaj" es el capítulo siguiente, que tuvimos que esperar una semana para leer.

así como dios creó mediante la palabra y el criterio de lo moral, por problemas morales del hombre decide destruir su propia creación también por medio de la palabra. pero a diferencia de "bereshit" dios ya no crea de la nada, sino que castiga y destruye cuando confronta la misma realidad que él ha creado.

"parashat Noaj" plantea por primera vez la sociedad entre dios y el hombre, su socio en la creación. una vez que dios creó al hombre y este adquirió noción de lo moral, lo que se instala es un discurso entre dios y el hombre, un discurso que comienza en "Noaj" como mandatos e instrucciones para transformarse, paulatinamente, en un diálogo más franco y más simétrico. con el correr de la narración judía dios irá callando y el hombre irá ocupando más y más el lugar de creador y generador de nuevas realidades.

pero por ahora es todo muy básico y primitivo. de alguna manera dios entiende que su obra lo ha superado y se le escapa de las manos. de alguna manera está implícito que no puede volver atrás, como el tiempo mismo no vuelve atrás. entonces surge por primera vez el concepto de corregir, enmendar, comenzar de nuevo, por medio del agua. si el agua cubrió la tierra en primerísima instancia, que el agua cubra la tierra nuevamente para comenzar de nuevo. con la diferencia de que en "Noaj" dios no crea, sino que el hombre preserva. junto con él y su familia carga en el arca toda especie viviente de modo que esté garantida la repoblación de la tierra con nuevas generaciones si se quiere "purificadas".

el agua es tan básica como elemento y tan profunda como mito que resulta abrumadoramente recurrente en toda la narración bíblica. desde el nombre "ivrí" que recibe abraham por venir del otro lado de un río, pasando por el lavado de los pies de los visitantes cuando llegan del desierto, hasta el milagro de los milagros de nuestra tradición: el cruce del mar rojo. en todos coincide el mito de la renovación, los nuevos comienzos, los giros determinantes de nuestra historia. preceptos como el baño ritual o el lavado de manos ritual están anclados en la historia del diluvio.

como tantos conceptos muy simples y profundos, el hombre los ha llevado a extremos. no soy adepto de los conceptos extremos de pureza y diferenciación; más bien los condeno. pero sí soy capaz de entender que cuando un mundo se termina, otro comienza. ese quiebre debe ser marcado si queremos que nuestra vida sea significativa. el agua que  nos contiene y cobija en el vientre de nuestra madre bien puede ser símbolo de vidas nuevas.

el dios de "Noaj" sigue siendo formalmente presentado como omnipotente; si es así, también es un dios misericordioso. mi lectura sin embargo apunta a un dios limitado por su propia creación en su versión más compleja: el hombre (y la mujer, claro). sí, dios podía destruirlo todo y volver a la nada, al "tou-ba-bou"; pero era admitir lo inútil de su creación, el despropósito de la misma. Noé es el hombre justo que le da razón de creer que todavía es posible. como en sodoma más adelante, dios excluye a los justos y castiga a las masas. dios va eligiendo, apartando, marcando las pautas. como en "bereshit", dios diferencia. por lo tanto dios castiga pero preserva, destruye pero consuela. la redención va siempre acompañada de grandes pérdidas, dolor, tragedia. dios inunda y destruye el mundo bajo las aguas, pero acerca a Noé, paloma mediante, la rama de olivo de la esperanza y la paz.

la biblia es una historia profundamente humana. es una historia que nos gusta contar y en la que nos gusta creer porque al final siempre pactamos con dios; porque al final de la tormenta, siempre hay un arco iris que nos emociona y nos hace ver el mundo en su riqueza y complejidad.

"parashat Noaj" incluye la historia de Babel. queda para 5776.




jueves, 16 de octubre de 2014

Bereshit

una de las maravillas de génesis es el concepto de que todo puede volver a comenzar. si bien la torá describe el comienzo de los comienzos, el principio del principio más absoluto, cuando no había orden sino sólo espíritu (tohu-va-vohu vs. ruaj elohim), cada año nos damos el lujo de releer ese comienzo primigenio y único. nada puede resultar más esperanzador.

la historia de la creación hasta el día santificado (apartado, guardado, especial) es para muchos la historia de la creación del universo tal como lo conocemos a través de la teoría del big-bang. para muchos esta lectura "científica" ha servido de punto de agarre al texto bíblico. de lo contrario, todo parece demasiado mágico, mítico, fabulado.

la historia de la creación es un historia de palabras y valores. todo se crea por medio de la palabra. sí, claro, es dios que "dice"; pero no es dios que "hace". crea por medio de la emisión de un sonido con sentido. inmediatamente agrega un valor moral: ve que es bueno, y por tanto queda nombrado. no sabemos que hubiera sucedido si dios hubiera visto que algo "era malo"... al final de "bereshit" ya se predispone a destruir su propia creación.

por tanto, esta parashá pauta dos constantes: el valor de la palabra (la presente y la ausente) y el sentido moral de esas palabras. no necesariamente que todo en la torá nos enseñará algo. pero seguramente tendrá un sentido y un valor. como texto fundacional judío creo que es importante entender esto: la palabra tiene propósito y la existencia es un hecho ético, del bien y del mal.

otro eje en esta porción de la torá es el manejo del tiempo. mucho antes de que la tierra tal como la conocemos exista dios empieza a ordenar el tiempo a través de los días, hasta llegar al séptimo, el día que no creó más. de allí en más toda creación quedó en nuestras manos, con la prohibición de hacerlo en shabat. la tierra es un elemento concreto, tangible, un bien subjetivo y manejable. el tiempo por el contrario es absoluto y nos excede. podemos ordenarlo pero no manejarlo. podemos santificarlo pero no poseerlo. es nuestro, fue de nuestros antepasados, y será de nuestras futuras generaciones. el tiempo está y es, nosotros pasamos por él. por tanto, es lo único que podemos llevar con nosotros sin que nos pese o sin ser perseguidos por su causa. el judaísmo es el manejo del tiempo.

la vida errante de caín y su descendencia pauta esa naturaleza nómada que nos caracteriza. el fratricidio y sus consecuencias explican a través de mitos esenciales las pasiones humanas que rigen nuestras vidas. las genealogías explican la población de la tierra y los impulsos sexuales "pecaminosos" que serán una obsesión en todo el texto del Pentateuco.

la parashá finaliza con la intención de dios de destruir su propia creación. cuantas veces hemos querido desandar pasos dados de los cuales nos arrepentimos. cuantas veces hubiéramos querido callar en lugar de decir algo imprudente o hiriente. no se trata que sólo dios puede destruir su propia creación; más bien, es que nosotros NO podemos hacerlo. no podemos deshacer o desandar lo hecho o recorrido. eso nos llama a ser más prudentes, más humildes, y en lo posible, más sabios.

"bereshit" es una explicación mitológica de nuestra existencia. pero como todo texto fundacional no se conforma con contar una historia. introduce valores. como toda la torá, funciona en dos niveles: el aspiracional y el real. en este último nos movemos nosotros, los hombres; en el primero se mueve nuestra "imágen y semejanza", esa metáfora de lo ideal que llamamos dios.