Lej-Lejá
en primer y segunda lectura esta porción de la Torá es de una trama y estructura mucho más compleja que las anteriores. no por los asuntos que las ocuparon, todos por ciertos complejos, sino por la forma en que estos se organizan en el texto. "Bereshit" y "Noaj" tienen cierta línearidad que se va perdiendo. "Lej-Lejá" tiene una potente narrativa pero a su vez resume y apunta a cuestiones esenciales y recurrentes de aquí en más.
sin embargo, "Lej-Lejá" tiene una frase, un "pasuk" excluyente, que le da el título:
"Vete de tu tierra, de tu familia, y de la casa paterna a la tierra que te señalaré" (Génesis 12:1)
el hebreo original es un tanto más complejo y potente. para empezar, "lej-lejá" es casi imposible de traducir, siendo como es difícil de entender en el hebreo bíblico original. lo que la traducción llama "familia" el original llamá "moledet", que tiene que ver con patria. la sucesión de la orden va de afuera hacia dentro: tierra, patria, casa paterna, para ir a otra tierra que se le indicará. no hay simetría: lo que se deja es mucho más en cantidad y peso semántico que lo que se promete. por eso enseguida llegan las promesas, que se repetirán de aquí en más. por eso precisamente la voz "lej-lejá" es tan particular: es una partida objetiva, de traslado, pero es además un proceso interior. dejar "la casa paterna" es empezar a crecer, a separarse, a particularizarse. proceso que culminará con el cambio de nombre y la circuncisión.
con "Lej-Lejá" comienza el fenómeno sionista cuando aun no había ni Sión ni nacionalismo. también es nuestra razón de anhelar y en definitiva morar en esa tierra y no en otra. el discurso religioso lo hace muy simple: dios lo dispuso y lo ordeno, incluso marca los límites de la tierra prometida. sin embargo el texto no sólo reconoce que había moradores en la tierra sino que se esfuerza en nombrarlos y describir la interacción de abram y su familia con ellos. no era simple. abram parece ser un hombre de paz, razonable, y consciente de su condición de recién llegado. si bien va tomando posesión de territorio, no es ciego al entorno. dios empuja más de lo que el propio abram está dispuesto a avanzar. abram es un hombre sumiso, lo que algunos llaman "temeroso de dios". de abram a josué el conquistador distan no sólo muchas generaciones, sino un cambio drástico de forma de ser. si tomamos a los personajes no cómo seres reales sino como símbolos o metáfora del pueblo, los cambios son radicales entre el Pentatéuco y el libro de los Josué.
en esta porción también aparece Egipto como refugio y fuente de cambio y conflicto. no bien llegamos a la tierra prometida, debemos partir en busca de alimento al más desarrollado Egipto. como en una gran novela del siglo XIX, aparecen todas las pistas que se desarrollarán más adelante en la trama: servidumbre, plagas, engaños y mentiras, hermanos, cuestiones de primogenitura y herencia, sueños, conflictos con los vecinos, conflictos en la familia, y las promesas. dios promete y promete, abram acata y acata. saray se ríe. una risa irónica y primitiva acerca de la ironía del destino de ese pueblo que comienza a configurarse: vivir entre la realidad y las promesas, luego mandatos, divinos. en la Torá siempre prevalece dios, aunque la genealogía de Abraham hará lo suyo.
en otras palabras, desde el principio, dios y el hombre dialogan. sólo que ahora dios apartó un hombre y su familia, que devendrán en pueblo, para sí. por ahora, y por un buen rato, dios manejará el destino de "su" familia elegida; más adelante no será tan sencillo. ya iaacov no pudo manejar las situaciones como las manejaba su abuelo.
"Lej-Lejá" es sobre la tierra prometida, es sobre la promesa y la elección, pero es sobre el pacto. el pacto no es mera palabra, sino acción: circuncidarse. difícil pensar en señal (por íntima que sea) más contundente de separación entre un grupo y el resto de los grupos. no por visible, sino por su fuerza en quienes son objeto de la misma. hoy en día la circuncisión identifica a un judío, o no; pero lo cierto es que la ceremonia que seguimos cumpliendo aun en los medios más laicos es el acto más fuerte de afirmación de nuestra pertenencia al pueblo. no para el niño de ocho días sino para los mayores que cumplen el precepto.
"Lej-Lejá" comienza con una promesa y finaliza con pacto. la promesa no es gratis. con el correr de los siglos aprenderemos que eso de ser "elegidos" no es necesariamente una bendición en el sentido más simple, en el que recibimos todo lo bueno y sublime. en el personaje de Abraham nuestro patriarca hay algo pasivo, algo de resignación, una rectitud hasta ingenua en su conducta. por cierto sus hijos, nietos, y bisnietos, y los pueblos que engendró no serán como él. pero el pacto ya está acordado, y sellado.
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