sábado, 19 de septiembre de 2015

Vayelej

En la medida que la Torá va llegando a su fin (lo cual se "siente" en el texto, en especial porque sabemos que Moshé va a morir antes de cruzar el Jordán) los textos tienden a repetirse pero sobre todo a acortarse: "Vayelej" es la porción de la Torá más corta. ¿Acaso hace más fácil acometerla? Por cierto que no. "Vayelej" es breve pero también fatalista: la profecía mosaica es que el pueblo se apartará de la Ley eligiendo "la maldición" de la que se hablaba en las porciones anteriores.

La respuesta lineal o literal a esta premonición es clara; el texto es inequívoco: guardar el texto, reproducirlo, y estudiarlo por las generaciones venideras. Tan sencillo resulta que en torno a esa acción se ha construido la supervivencia del pueblo judío. Nadie puede negarlo: ni seculares ni ateos ni agnósticos ni tradicionalistas ni sionistas. La reproducción del texto canonizado, la lectura en forma periódica (semanal), y el comentario han cimentado nuestra permanencia. No importa que lo practiquemos o siquiera tengamos consciencia de ello; ha sido así. Aun pensadores iluminados y modernos, aun aficionados como somos, lo que hacemos es re-visitar el texto (del inglés "revisited") una y otra vez, lo tengamos en frente o abrevemos de la tradición oral.

Sin embargo esta lectura tan directa sirve más cultores del judaísmo dogmático y riguroso, casi binario, que a quienes gustamos de "interrogar" el texto desde un punto de vista más humano y menos sectario. Es la enésima lectura la que nos puede "hablar" a quienes no creemos que el cumplimiento de los preceptos es el salvoconducto para una vida mejor. Para quienes la complejidad y diversidad son parte irrenunciable de la condición humana, "Vayelej" merece una lectura más esencial que la de "crimen y castigo". Dejemos eso para la ortodoxia más pediátrica...

"Vayelej" es acerca de sucesiones y herencias. Ante la certeza del final, largamente anunciada pero ahora inminente, Moshé le habla a Yehoshua con las muy citadas palabras "jazak ve-ametz", se fuerte y valiente. Uno puede imaginar el paisaje bucólico, el gigantesco campamento de las tribus de Israel, enfrentado al desafío de atravesar el río para convertirse en guerreros full-time; lo pastoral enfrentado la guerra, dos imágenes fuertemente contrastantes. No en vano se precisa un líder fuerte y valiente, en oposición a uno sabio y anciano.

La herencia no es sólo la tierra sino también la palabra. "Vayelej" incluye a ambas. En lo inmediato, el pueblo deberá pelear por la tierra que le fue prometida; en el largo aliento, el pueblo deberá pelear por su "genealogía del texto", usando el término acuñado por Salzberger-Oz. Una vez más, es asombrosa la vigencia del texto: Israel se ha desarrollado como un estado de alta seguridad a la vez que preserva su herencia textual y cultural. De la industria armamentista pasando por la alta tecnología y las "start-up", a la proliferación de estudios judaicos tanto ultra-ortodoxos como seculares, "Vayelej" hace honor a su nombre. Israel va.

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