sábado, 12 de septiembre de 2015

Nitsavim

Me impresionó su brevedad y contundencia. En términos relativos y en términos absolutos: el texto es corto, es conciso, claro, inequívoco. En este contexto incluye algunas de los versículos más potentes a la vez que esenciales a la naturaleza judía:

  • ·          “Todos vosotros estáis hoy presentes…” Deuteronomio 29:9
  • ·      .    “Las cosas secretas pertenecen al Eterno nuestro Dios, pero las cosas que son reveladas son        para nosotros…” Deuteronomio 29:28
  • ·          “No están en el cielo…”   Deuteronomio 30:12
  • ·          “… escoger la vida”      Deuteronomio 30:19


Uno de los “problemas” es que los textos, como suele inevitablemente suceder, pierden en la traducción. Traducir ciertas palabras como “nitsavim” o “nistarot” supone sacrificar significado.

Como señalaba Rodrigo Varscher en la NCI de Montevideo el pasado viernes, “nitsavim” supone una actitud, una postura, una disposición. No es meramente “estar”, sino estar con un propósito. De igual manera podemos decir que los judíos no debemos simplemente “estar” o “pasar” sino que hacerlo con un fin. Es el sentido de la construcción progresiva en el tiempo lo que nos libera del fatalismo de la repetición estéril. “Nitsavim” no habla de escuchas pasivos sino de un colectivo en la línea de largada de una maratón. 

“Nistarot” sería algo así como “lo oculto, lo escondido, lo secreto”; no son “cosas”, sino esencias, acciones, en definitiva, intangibles. Lo opuesto es “lo revelado, lo descubierto”, “nig(a)lot”. Me atrevería a llamar a estas opciones, en términos “modernos”, kabalá y Torá. La primera es la disciplina de lo oculto que tantos perseveran en descifrar u ofrecen como receta mágica para el encuentro con uno mismo; la segunda, la Torá, es un compendio de instrucciones, historias, reflexiones, interpretaciones con los que el Hombre lidia día a día. Como dice el texto en forma explícita, existen “cosas” que no están al alcance del hombre a la vez que otras sí.  

La lectura no es excluyente sino paradójica: si reconocemos nuestras limitaciones somos más sensibles a nuestras posibilidades.

Porque “no está en el cielo”, porque es alcanzable, lo revelado supone lo descubierto. De la postura alerta de “nitsavim” ya hemos pasado a correr la carrera con perseverancia en la búsqueda, porque sabemos que está ahí nomás… Esta perseverancia supone la vida que elegimos: vida en movimiento como opuesto a muerte y desolación si no perseveramos.

“Nitsavim” no escapa al discurso moralista de la Biblia: está el libre albedrío pero premios y castigos están bien claros; está todo al alcance de nuestro conocimiento, pero debemos tener presente que tenemos un límite, por remoto que sea. Sin embargo, como texto teológico, me parece insuperable: dota al ser humano de un potencial inagotable. En términos empresariales actuales, “Nitsavim” es acerca de “empowerement”; no “power to the people”, sino empoderamiento. Valga la diferencia.


Shaná Tová!

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