"Vayerá"
como sugiere el título de esta parashá, la misma tiene mucho que ver con "poder ver", "reconocer".
en el primer versículo dios se aparece ante abraham en el momento más caliente del día. dios no es una voz que actúa y demanda sino que comienza a tomar formas humanas en estos tres anónimos que se aparecen y son agasajados por abraham. el agasajo en sí se convertiría luego en uno de nuestros principales preceptos, la invitación al huésped y extranjero. estos "hombres" anónimos son recurrentes en esta parashá cuando un poco más adelante salvan a lot de la destrucción de sodoma y gomorra; también vuelve a aparecer un "hombre" que lucha con iaacov (el nieto) en Génesis 32:24. cuando íbamos a la escuela a estos seres misteriosos los llamábamos ángeles. llámense como se llamen ellos escapan la lógica verosímil del mundo real y responden al divino, en este constante diálogo entre ambos niveles, tan cotidiano y coloquial en Génesis. estos tres hombres anuncian nada menos que la descendencia, itzjak, de modo que se cumpla la promesa, la parte de dios en el pacto. cualquier similitud con otras anunciaciones no es casualidad.
luego aparecen los dos ángeles que visitan a lot y éste salva de la muchedumbre lujuriosa de la ciudad donde había recalado. son llamados ángeles pero codiciados y protegidos como personas reales, concretas, y pasibles de ser deseadas (por más abominable que sea el deseo para dios). la lucha de lot en la puerta de su casa defendiendo a estos visitantes es digna alabanza. su posterior escape no es sólo milagroso sino espectacular en todo sus suspenso. el recurso de la ceguera que evita que los habitantes de sodoma puedan apresar a lot, su familia, y sus visitantes, es una suerte de inversión del mito de Tiresias: estos son ciegos y efectivamente no podían ver. de hecho, en términos divinos, ya no eran capaces de "ver", "reconocer" a dios desde siempre: el preámbulo de la destrucción de sodoma y gomorra está ya planteado en "Lej-Lejá". quien sí quiere ver aquello que específicamente se le comandó no ver es la mujer de lot y se convierte en estatua de sal. un versículo (Génesis 19:26) tan breve y simple y sin embargo ha capturado la imaginación de generaciones, desde las láminas de Doré hasta el cine hollywoodense. doy fe que capturó mi imaginación como niño: la primera vez que bordeé el mar muerto no cesaba de buscar la estatua de sal de la mujer de lot... mirar atrás es no avanzar.
la parashá plantea otros varios asuntos no menos simples: el tema de los hijos, otra vez uno preferido y otro denostado, itzak e ishmael, respectivamente; aunque dios hace lo suyo y compensa al segundo respecto al primero (ha evolucionado algo desde caín y abel). este tema de hijos, primogenituras y bendiciones no es sólo recurrente, sino central: nuestra genealogía bíblica se va construyendo en función de hijos postergados en beneficio de otros beneficiados (nuestros patriarcas). su punto culminante será la historia de josé y sus hermanos. disgresión aparte, hay dos temas no sólo complejos sino oscuros: las hijas de lot procreando a través de su padre, y la relación de abraham con abimelej. la endogamia (casarse dentro de la familia, luego dentro de la tribu, en suma, no casarse fuera del pueblo) por un lado y la convivencia con el vecino por otro. no podríamos pensar en dos conflictos más actuales y relevantes que estos: los casamientos "mixtos" y nuestra relación con "los otros".
pero puertas adentro, cuando miramos a nuestro interior (historia, tradición, fuentes), elijo dos episodios dentro de está semánticamente densa porción de la Torá: la "atadura" ("el sacrificio") de itzjak, y el fecundo y detallado diálogo de abraham con dios respecto a sodoma y gomorra y los justos que allí habitan. en su libro "Mis Héroes" (Haguiborim sheli) Yair Lapid hace una lectura un tanto crítica de abraham el patriarca proponiendo que es un hombre manejable, manipulable, sumiso. el episodio del inminente sacrificio de su único hijo por la mera orden divina apunta a esa interpretación. sin embargo, a poco de comenzar la parashá, pasada la anunciación de sara, abraham encara uno de sus mayores enfrentamientos, nada menos que con dios mismo. en Génesis 18:24 abraham dice: "¿No ha de hacer justicia el Juez de toda la tierra?" que también podría decirse: ¿no hará juicio el juez de toda la tierra? La negociación de abraham con dios, muy similar un regateo levantino, poco tiene que ver con la sumisión y obediencia de dios cuando se le manda sacrificar a su hijo. abraham, tal como se nos enseñó en la escuela, ¿demuestra su obediencia y fe al disponerse al sacrificio (holocausto)? o más bien su fe en la justicia divina es tal que sabe que dios proveerá una alternativa para el sacrificio. el dios que castigó tan duramente el fratricidio no sería capaz de causar un filicidio. abraham sabe que dios destruyó gomorra pero salvó al único justo, su sobrino lot. abraham sabe que su hijo nació por gracia divina, en el tiempo que dios dispuso. sabe, por lo tanto, que dios no destruirá su propia creación, tal como prometió después del diluvio.
"Akedat Itzjak" merece una lectura aparte; tal vez por eso nuestros sabios la incluyeron en el segundo día de Rosh Hashaná. también merecería una entrada aparte en este blog. "Vayerá" es una porción muy desafiante y compleja, tan rica en hechos, tantos giros en la trama. su densidad, su economía, su narrativa vertiginosa, resultan un tanto sobrecogedoras. cualquiera de sus episodios merece un estudio y una dedicación muy especiales. pero si intento ver un hilo conductor, una idea que atraviese todos estos episodios, me quedo con la primer propuesta: "Vayera" tiene que ver con nuestra capacidad de ver, reconocer, y actuar. reconocer que hay fenómenos que nos exceden, acciones que no controlamos, situaciones injustas. aun así, siempre nos queda un recurso: actuar, incidir. dialogar, incluso discutir, con dios.
parece mentira que tal concepto estuviera tan claramente planteado en el principio de nuestro principio. que la Torá no está en el cielo (Deut. 30:12) sino entre nosotros. no sólo el conocimiento no es patrimonio exclusivo de lo divino, sino que los valores y el sentido de justicia surgen de nuestro diálogo con dios.
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