viernes, 2 de enero de 2015

Vayeji

una vez más: el título habla de vida pero la parashá trata de muerte. el título refiere a los diecisiete años que vivió Iaacov en Egipto y a los ciento cuarenta y siete que vivió. una pregunta muy "rabínica" sería: ¿por qué se dice primero los años de vida en Egipto y luego los años de su vida en su totalidad? ¿por qué no al revés? si aceptamos la premisa de que nada en la Torá está puesto porque sí, al azar (afirmación con la cual discrepo), debemos al menos intentar encontrar un sentido a este orden de información. con todas las vicisitudes de la vida de Iaacov, desde su engañosa primogenitud, su robada bendición paterna, y sus innumerables luchas (con su tío Laban, con su hermano Esav, con el "hombre", con sus propios hijos), ¿qué relevancia tienen los años en Egipto para ser apertura de la última porción del libro de Génesis? una posibilidad es que sean años de paz. la "tierra prometida" es otra y quedó atrás, pero la verdadera paz y una relativa calma Iaacov las encuentra en las fértiles tierras de Gosen, en Egipto. entre extranjeros, en el seno de su familia. prototipo judío si los hay. atrás, "arriba", quedaron los conflictos que implica vivir en la tierra prometida. Egipto es estable, y estos diecisiete años suenan a final feliz.

"Vayeji" nos trae de vuelta al viejo tema de las bendiciones paternas, las primogenituras, los cambios de último momento, las herencias. en suma: padres e hijos, preferencias y enconos. efraím y menashé se intercambian el uno con el otro. de hecho, desde entonces y hasta hoy son dos nombres que van indefectiblemente juntos, como prototipo de los hermanos que no generan conflicto y que pueden ser bendecidos tanto uno como otro. si nos remontamos hacia un futuro todavía muy lejano en que el judaísmo funcionó por pares (la época de Jaza'l, nuestros sabios de bendita memoria), como el caso de Shamai e Hilel, Iaacov está de hecho bendiciendo la pareja, dos hijos (que hace suyos), dos individuos. está bendiciendo la pluralidad.

ya no somos padres e hijos con algún tío entreverado en la historia. en el capítulo 49 Iaacov anuncia el destino de cada uno de sus hijos. en general es bastante magnánimo, pero algunos de los vaticinios son terribles: Reubén paga por su pecado a pesar de ser el primogénito (por enésima vez: la primogenitura no determina nada en la Torá, son las acciones las que lo hacen); Shimón y Leví prácticamente son destinados a un destierro interior, ser "esparcidos" entre sus hermanos. sabemos que los levitas se harán cargo del cuidado del culto mientras que los simonitas vivirán esparcidos en todo el territorio cuando se divida la tierra. el resto de las profecías son bastante agradables, algunas hasta poéticas. "Neftalí es una ágil gacela que dice palabras hermosas" (Génesis 49:21)

así se va cerrando la parashá y con ella el libro de Génesis. de la Creación en "Génesis" y en "Noaj" a la vida familiar que comienza con "Lej-lejá" y se cierra en "Vayeji". la biblia va construyendo una trama cronológica y lógica que irá cobrando sentido una vez que nos adentremos en el libro de "Éxodo" a partir de la semana próxima. pero más que cronología y coherencia, el texto va construyendo y sumando significación.

usando los términos escuchados al Rabino Donniel Hartman en Ierushalaim, salimos del nivel familiar para entrar en el nivel "nacional": de la familia al pueblo. así como se complejiza la historia (ya Iosef y sus hermanos es una buena muestra de complejidad), aumenta el desafío de nuestra parte para lidiar con los sucesos que vendrán en Éxodo y en los libros subsiguientes. dirían los americanos: esto ha sido un paseo en el parque. lo más complejo está por venir. pero también lo más maravilloso.

jazak, jazak, venitjazek !

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