sábado, 31 de enero de 2015

Beshalaj

Una primera lectura obliga a ordenarse. Una vez más una sola porción de la Torá engloba más de lo que un hombre común puede abarcar. Me atrevería a dividir esta porción en tres partes temáticas claras: batalla, forma de vida, batalla. Nada que no suceda hoy en la vida de los judíos en Israel, y de alguna manera menos clara a todos los judíos del mundo: de los ataques de esta semana en el norte de Israel al entierro de Nisman en Buenos Aires, pasando por el hipermercado kasher en París hace un mes, la constante batalla-vida cotidiana-batalla existe. Acaso sea inherente a nuestra naturaleza.

La primer batalla tiene forma de persecución: los hijos de Israel avanzan por el desierto, por el camino largo para evitar justamente más batallas (con los filisteos y en inferioridad de condiciones), no sin dificultades, hasta que llegan frente al Mar de los Juncos (Iam Suf), que identificamos hoy como Mar Rojo. Tras ellos vienen los egipcios con sus carros, caballos, y ejército: todo su poderío. Una vez más dios, para hacer más formidables sus proezas, “endurece el corazón” del faraón y los egipcios. Todos sabemos el desenlace: las aguas se abren o retroceden, se forman dos muros de agua, y el pueblo cruza durante la noche mientras que en la madrugada los egipcios mueren ahogados.

La segunda batalla es con Amalec en Éxodo 17:8. Dios también ayuda pero interviene sensiblemente menos. Moshé debe permanecer con los brazos en alto para que Israel prevalezca, pero los guerreros elegidos por Ieoshua deben luchar. Hay que hacer el trabajo sucio, en este caso dios no obra milagros ni incide sobre el enemigo. La frase que cierra “Beshalaj” es no sólo intrigante sino atemorizante: “…, habrá guerra del Eterno contra Amalec a través de las generaciones” (Éxodo 17:16). Ciertamente el vaticinio bíblico se ha cumplido, hasta nuestra generación.

En medio de estas dos escenas bélicas queda ubicado el tema de la forma de vida, del manejo social, del alimento y el agua, asuntos básicos si los hay: codornices, maná, y agua que mana en diferentes formas. Dios provee: esta idea sigue vigente y es por eso que nuestra liturgia incluye tantas bendiciones y plegarias de reconocimiento y agradecimiento. Comienza a esbozarse el Shabat con instrucciones muy precisas y con la ausencia de milagros en Shabat: no cae maná, hay que recogerlo el sexto día y guardarlo para el séptimo. Están también las instrucciones de cocina para ese día. En la próxima porción de la Torá, “Yitro” recibiremos por primera vez los diez mandamientos con un mandato simple: recordar el Shabat. Sin embargo antes de ese momento ya tenemos instrucciones precisas y concretas.

En “Beshalaj” hay varios temas recurrentes: dios que “endurece” al enemigo (egipcios) para hacer más formidable su milagro; los “milagros”: las columnas de humo y fuego y sus variantes, la apertura del mar; las instrucciones sobre cómo vivir, pautas sociales; las quejas del pueblo frente a Moshé y su deseo de volver a Egipto; la aproximación a la roca para extraer de ella agua (en este caso golpeándola, más adelante será hablándole); la confrontación de un enemigo/vecino, que viene desde el libro de Bereshit; y el concepto de avanzar según las instrucciones de dios. Esto último no sólo es recurrente en la Biblia hebrea toda sino que es un concepto básico judío: siempre hay un propósito y marchamos rumbo a un destino determinado.

De este esfuerzo de lectura semanal que supone este blog sigo rescatando la mezcla de géneros que nos ofrece la Biblia: “Beshalaj” incluye un poema, épica, una mirada al interior de algunos personajes, y un instructivo de conducta. Si bien el texto no abunda en ello, hay un perfil de cada personaje, o al menos elementos suficientes para construirlo; no son personajes llanos (ver E.M.Forster “Aspects of the Novel”) sino complejos. Tal vez estén sólo insinuados, pero están. El lado épico habla por sí solo, lo mismo que el lado instructivo: no en vano se siguen haciendo películas sobre la apertura del mar y se sigue legislando y reformando en base a estas primeras, claras instrucciones de nuestra tradición

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