miércoles, 7 de enero de 2015

Shmot

“Se levantó en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José.” (Éxodo 1:8)

“‘Yo soy El que soy’” (Éxodo 3:14)

Si tengo que elegir dos frases que sinteticen “Shmot” elijo estas dos. En una parashá tan rica en eventos, idas y venidas, y sobre todo en ideas, estas dos citas resumen los dos ejes sobre los cuales se construye todo el libro de Éxodo: por un lado el histórico y por otro lado el religioso. Ambos en un sentido estricto: histórico porque narra la epopeya de un pueblo, religioso porque construye su relación con dios.

La costumbre de llamar a las porciones de la Torá por una de sus primeras tres palabras o verbos no puede ser ajena al afán significador de nuestros sabios. Los “shmot” a que se refiere son los de los hijos de Israel que llegaron a Egipto y se asentaron allí bajo la protección de Iosef y su faraón. Luego aparecen algunos nombres concretos, como los de las parteras Sifrá y Fúa, Zipora la hija de Itró, y Guershon, hijo de Moshé y Zipora. Finalmente Aaron, hermano de Moshé. Sin embargo, llama la atención la falta de ciertos nombres: el faraón no tiene nombre, es una figura genérica, una institución. Pero lo más llamativo es la ausencia de los nombres de los progenitores de Moshé, de su hermana, o mismo de su madre adoptiva. La Biblia no nos da estos datos. Tan importantes son que no sólo el “midrash” se ocupó de llenar estos vacíos, sino que con el correr de las generaciones se han convertido en parte integral de nuestro relato fundador. El asunto de los nombres refleja la tensión en el texto entre lo histórico y lo religioso, entre la fidelidad al relato de los hechos y la adhesión al poder de dios, que se anuncia una y otra vez: al punto que ya está anunciada la décima plaga que ocurrirá recién en Éxodo 12:29, en “Bo”. En suma: los nombres apuntan a una genealogía cuando ésta es relevante; su ausencia apunta las ideas que permanecen más allá de los nombres. Moshé no suma en la genealogía de Israel pero será el dador de la ley. Lo que importa es su diálogo con dios.

Volviendo a las dos frases elegidas: el rey que no había conocido a Iosef supone un quiebre abrupto. Hay muchas explicaciones históricas acerca de cambio de dinastías, la presencia del pueblo de los Hiksos, etc. Sin embargo, prefiero pensar la frase como un fuerte contraste entre el detalle de la historia de Iosef y le escasez en la historia de Moshé. La Torá se toma cuatro porciones para contar una verdadera novela, mientras que en un par de versículos transforma a Moshé de príncipe de Egipto en justiciero, prófugo, y profeta. Empezamos a saber algo de Moshé a través de su confrontación con dios, no a través de sus vínculos con sus semejantes. De aquí en más dios vuelve a ser un “personaje” en un sentido literario, rol que había perdido en la saga de Iosef. Vuelve a tener con Moshé una relación mucho más parecida a la que tuvo con Abraham. A diferencia de éste, Moshé es más discutidor, menos sumiso. Pagará por ello. De modo que podemos decir que no sólo el nuevo rey no conocía a Iosef, sino que dios había desconocido a los hijos de Israel dejándolos actuar a sus impulsos. Iosef no habla con dios. Ahora dios volverá a incidir en forma directa en la realidad.

Lo cual nos lleva al segundo versículo: soy el que soy, o “seré el que seré”. Versículo difícil si los hay. O no. Podemos leerlo como un simple pedido de fe: el pueblo debe creer en dios en forma totalmente abstracta. En un tiempo no sólo lleno de dioses con formas y roles la afirmación de “soy el que soy” es un quiebre mayúsculo, único, y fundacional. Todavía se recurrirá a la magia para convencer a los egipcios, pero luego estaremos hablando de milagros. Como explicara Micah Goodman, magia y milagros son dos conceptos bien diferentes: los milagros suponen fe y son únicos e irrepetibles: la apertura del mar, el agua de la roca, el maná.


El hecho es que ni siquiera Moshé está en condiciones de creer. Pide pruebas, pone obstáculos, trata de evitar el rol que se le pide. Pero dios es un personaje tenaz. Mediante “signos y señales” va moviendo la historia hacia delante. No sólo va escribiendo la historia a través de los hechos que provocará sino que va aproximando a un pueblo a su nueva forma de vida: una tierra, una ley, un dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario