viernes, 1 de mayo de 2015

Tazria-Metsora

Si algo cabe agradecer es que estas dos parshiot sean leídas juntas, casi como una unidad. Si hasta ahora la lectura acerca de los sacrificios y la purificación del tabernáculo y los sacerdotes nos parecía “ajena”, el texto que toca confrontar resulta revulsivo y absurdo. Aun así, como siempre hemos sostenido, vale la pena el esfuerzo de encontrar un sentido escondido en lo ajeno. Por aquello de que, esencialmente, somos “ajenos” nosotros mismos, venidos desde otras ideas; o como dice, mucho más tarde, el “Desiderata”: “escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante, también ellos tienen su historia.”

Aclarado el punto de nuestro prejuicio hacia el texto veamos algunos puntos centrales: en primer lugar digamos que se ocupa de lo “impuro” en dos vertientes: la sexual y la médica. En el primer caso trata de la mujer que da a luz y de los fluidos que emana el cuerpo (semen y sangre); en el segundo trata de la lepra y algunas otras peculiaridades, como la calvicie. En este sentido, me supuso un gran alivio saberme “puro”.

Bromas aparte, está clara la preocupación del texto con el efecto contagioso de la lepra u otros fenómenos. Podría decirse, y de hecho muchos ensalzan la Torá en este sentido, que el texto se adelanta a su tiempo previendo el contagio por sangre, años antes de la aparición del Sida. En lo personal explicar el texto bíblico en función de hallazgos científicos es válido pero no suficiente. El texto bíblico narra, explica, instruye, pero en última instancia es un texto mítico. No alcanza con racionalizarlo o contextuarlo históricamente; debemos encontrarle sentidos en nuestra vida hoy. Sentidos esenciales y no circunstanciales. de otro modo no se explica su vigencia. Lo cual no implica que uno pueda encontrar esos sentidos en primeras lecturas; por algo la lectura de la Torá es un ejercicio anual que nos acompaña a lo largo de nuestra vida adulta.

Hay en este texto en particular conceptos que sostienen ideologías y que a mi criterio son censurables. Con todo el esfuerzo que hace la ortodoxia (extrema y moderada) en justificar el status de la mujer en el judaísmo, la apertura de “Tazria” da por tierra todo intento por ingenioso que sea: el lado discriminativo es tan flagrante que espanta. Levítico 12 es un manifiesto discriminativo inequívoco y contundente. Ante textos como éste prefiero la aproximación reformista al judaísmo que me permite optar, tomar lo que me “habla” y descartar lo que no.

La discriminación como consecuencia de la lepra es igualmente dura pero políticamente más correcta. Después de todo, es una patología contagiosa. Nada muy distinto a salas de hospital aisladas y esterilizadas; sólo que en lugar de doctores eran los sacerdotes quienes determinaban la patología.


Se rescata de este texto una constante de la Torá: en el sacrificio de purificación el objeto de sacrificio se adapta a los recursos de quien ofrece el sacrificio. Con el prejuicio y la discriminación convive un sentido profundo de justicia social que ha sido el sostén de la tradición judía en los milenios siguientes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario