domingo, 17 de mayo de 2015

Behar-Bejukotay

Una cosa debemos reconocer en estas dos porciones de la Torá que éste año leemos juntas: no corre más sangre. Al menos no en un sentido literal, sacrificial. A pesar de que la mayor parte de “Bejukotay” está dedicada a los castigos que dios anuncia si el pueblo no cumple sus leyes, hay algo reparador y constructivo en ambas parshiot, leídas juntas o por separado. Con el cierre del libro de Levítico el mero nombre de las parshiot connota elevación: “Behar”, en la montaña, y “Bejukotay”, en mis leyes. No en vano leemos estos textos antes de Shavuot, como punto final del Omer. Hemos contado obsesivamente los días a la vez que leíamos en forma también obsesiva las leyes impartidas por dios a través de Moshé; llegamos al final: el castigo se enumera en el detalle, pero el premio en el concepto. Sumamos días hacía lo sagrado.

Si en Shavuot tenemos la tradición del “Tikún” (reparación) por habernos quedado dormidos la noche previa a recibir la Torá en el Har Sinai, “Behar” es precisamente acerca de la facultad de reparar que dios nos imparte. De hecho, esta porción de la Torá es una legislación de tipo social avanzada y sofisticada; única sin duda para su tiempo, pero aún vigente y no siempre aplicada en nuestro tiempo. A través del manejo del tiempo en ciclos de siete (días, años) cuya culminación es el año del jubileo (año cincuenta) el tiempo adquiere progresión y sentido. En otras palabras: el tiempo no pasa en vano; el hombre tiene esperanza. Esto contrasta drásticamente con las nociones del tiempo cíclico e inmutable de la tradición mesopotámica, tal como señala Thomas Cahill en su libro “The Gifts of the Jews” (1998). En el marco de la norma dada por la divinidad la vida tiene esperanza, sentido, y justicia social.

Si Shavuot también es llamada “jag matan Torá” (fiesta de la entrega de la Torá), el libro de Levítico finaliza en “Bejukotay” con advertencias claras y terribles acerca del incumplimiento de la ley. El nuevo presidente de la NCI de Montevideo, Daniel Cohn, llamaba la atención acerca de la desproporción abrumadora entre el castigo y el premio; el primero es extenso y exponencial, mientras el segundo es breve y uniforme. Tomo esta cuestión como desafío para proponer alguna respuesta a esta cuestión.

Como señala el Prof. Meir Sternberg de la Universidad de Tel-Aviv en varios de sus trabajaos, en ficción el ordenamiento del material es significativo: desde el momento que no existe la simultaneidad el autor elige qué va primero y qué va después; esa elección construye significado. En este caso, por breve que sea (Levítico 26:3-13), “Bejukotay” comienza con el premio. Son sólo diez versículos pero plenos de imágenes de abundancia, triunfalismo, paz y bienestar. Destaco el versículo 26:12: “Andaré entre vosotros, seré vuestro Dios y vosotros seréis Mi pueblo”. Es la vieja promesa hecha a los patriarcas sin ambigüedades y sin condiciones.

Levítico 26: 14-40 enumera en forma exponencial (múltiplos de siete una vez más) los castigos por el incumplimiento de la ley. Sin embargo, en 26:40 nuevamente se abre el espacio del arrepentimiento, el reconocimiento, la reparación. Vuelve a relucir el pacto con los patriarcas y la imposibilidad de su anulación, más allá de cualquier mala conducta, por terrible que sea, por parte del pueblo.

 En otras palabras: “Behar-Bejukotay” es un texto esperanzador, y como tal, esencial a la naturaleza judía. Es uno de esos textos donde el detalle esconde lo importante. Sólo mentes muy perseguidas o perseguidoras seguirán aferradas a la lectura superficial y detallista del texto, cuando su esencia guarda tanta esperanza y amor al prójimo. Siendo que somos prójimos de dios.

Por último, vale la pena pensar tanto premios como castigos en función de la realidad histórica tal como la hemos conocido y la vivimos: desde el castigo, el destierro para vivir entre otros pueblos y la desolación de “la tierra” (de Israel) por siglos; desde el triunfo, la capacidad de prevalecer los menos sobre los más y desarrollarnos en nuestra tierra. Hay algo inmensamente aleccionador a la vez que inspirador en estos textos.


Jazak, jazak, venitjazek!

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