Behar-Bejukotay
Una cosa debemos reconocer en
estas dos porciones de la Torá que éste año leemos juntas: no corre más sangre.
Al menos no en un sentido literal, sacrificial. A pesar de que la mayor parte
de “Bejukotay” está dedicada a los castigos que dios anuncia si el pueblo no
cumple sus leyes, hay algo reparador y constructivo en ambas parshiot, leídas
juntas o por separado. Con el cierre del libro de Levítico el mero nombre de
las parshiot connota elevación: “Behar”, en la montaña, y “Bejukotay”, en mis
leyes. No en vano leemos estos textos antes de Shavuot, como punto final del
Omer. Hemos contado obsesivamente los días a la vez que leíamos en forma
también obsesiva las leyes impartidas por dios a través de Moshé; llegamos al
final: el castigo se enumera en el detalle, pero el premio en el concepto.
Sumamos días hacía lo sagrado.
Si en Shavuot tenemos la
tradición del “Tikún” (reparación) por habernos quedado dormidos la noche
previa a recibir la Torá en el Har Sinai, “Behar” es precisamente acerca de la
facultad de reparar que dios nos imparte. De hecho, esta porción de la Torá es
una legislación de tipo social avanzada y sofisticada; única sin duda para su
tiempo, pero aún vigente y no siempre aplicada en nuestro tiempo. A través del
manejo del tiempo en ciclos de siete (días, años) cuya culminación es el año
del jubileo (año cincuenta) el tiempo adquiere progresión y sentido. En otras
palabras: el tiempo no pasa en vano; el hombre tiene esperanza. Esto contrasta
drásticamente con las nociones del tiempo cíclico e inmutable de la tradición
mesopotámica, tal como señala Thomas Cahill en su libro “The Gifts of the Jews”
(1998). En el marco de la norma dada por la divinidad la vida tiene esperanza,
sentido, y justicia social.
Si Shavuot también es llamada
“jag matan Torá” (fiesta de la entrega de la Torá), el libro de Levítico
finaliza en “Bejukotay” con advertencias claras y terribles acerca del
incumplimiento de la ley. El nuevo presidente de la NCI de Montevideo, Daniel
Cohn, llamaba la atención acerca de la desproporción abrumadora entre el
castigo y el premio; el primero es extenso y exponencial, mientras el segundo
es breve y uniforme. Tomo esta cuestión como desafío para proponer alguna
respuesta a esta cuestión.
Como señala el Prof. Meir
Sternberg de la Universidad de Tel-Aviv en varios de sus trabajaos, en ficción
el ordenamiento del material es significativo: desde el momento que no existe
la simultaneidad el autor elige qué va primero y qué va después; esa elección construye
significado. En este caso, por breve que sea (Levítico 26:3-13), “Bejukotay”
comienza con el premio. Son sólo diez versículos pero plenos de imágenes de
abundancia, triunfalismo, paz y bienestar. Destaco el versículo 26:12: “Andaré
entre vosotros, seré vuestro Dios y vosotros seréis Mi pueblo”. Es la vieja
promesa hecha a los patriarcas sin ambigüedades y sin condiciones.
Levítico 26: 14-40 enumera en
forma exponencial (múltiplos de siete una vez más) los castigos por el
incumplimiento de la ley. Sin embargo, en 26:40 nuevamente se abre el espacio
del arrepentimiento, el reconocimiento, la reparación. Vuelve a relucir el
pacto con los patriarcas y la imposibilidad de su anulación, más allá de
cualquier mala conducta, por terrible que sea, por parte del pueblo.
En otras palabras: “Behar-Bejukotay” es un
texto esperanzador, y como tal, esencial a la naturaleza judía. Es uno de esos
textos donde el detalle esconde lo importante. Sólo mentes muy perseguidas o
perseguidoras seguirán aferradas a la lectura superficial y detallista del
texto, cuando su esencia guarda tanta esperanza y amor al prójimo. Siendo que
somos prójimos de dios.
Por último, vale la pena pensar
tanto premios como castigos en función de la realidad histórica tal como la
hemos conocido y la vivimos: desde el castigo, el destierro para vivir entre
otros pueblos y la desolación de “la tierra” (de Israel) por siglos; desde el
triunfo, la capacidad de prevalecer los menos sobre los más y desarrollarnos en
nuestra tierra. Hay algo inmensamente aleccionador a la vez que inspirador en
estos textos.
Jazak, jazak,
venitjazek!
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