Vaykra
Ya nos fue dada la ley. Ahora nos
toca escucharla en todo su detalle. Detalles sobran. La descripción y la
función de los sacrificios descritos en “Vaykra” son tan abundantes como
meticulosos. Si lo pensamos en términos de lo que es el judaísmo ortodoxo hoy
día, en cualquiera de sus variantes, obsesionado con el detalle y el ritual,
podemos entender un poco mejor de dónde surge tanta obsesión. Nada menos que de
LA fuente. Menudo trabajo tuvieron, tienen, “los rabinos” lidiando con
este texto. Uno mismo se las ve en figurillas leyendo este texto lleno de
imágenes sangrientas y literalmente viscerales. No es un texto apto para
sermones, aunque muchos hagamos el intento; resulta más adecuado leerlo solo y
en todo caso estudiarlo de a dos.
Sin embargo, con toda su
alienación, esta porción de la Torá ofrece algunas “enseñanzas” para quienes creen
que la Torá es sólo eso, enseñanza (la Torá
es también historia, historias mínimas, dramas, comedia, poesía, y filosofía). “Vaykra”
es acerca de los sacrificios; los sacrificios son cómo los hombres nos
acercamos a dios o lo divino. En hebreo la palabra sacrificio es “korban” de la
raíz KRV, que quiere decir “cercanía” o “acercamiento”.
De modo que detrás de toda la
sangre y las entrañas, detrás del fuego “grato” a dios, detrás de la
infraestructura sacerdotal, el hecho es uno: el hombre, en forma individual o
colectiva, por omisión o por ignorancia, puede redimir sus pecados mediante un
sacrificio. Vale decir, mediante su acercamiento a dios. Resulta interesante
notar que hay un sacrificio para cada situación así como hay un sacrificio para
cada bolsillo, desde grandes animales, pasando por aves, para terminar con
vegetales. Nadie queda fuera, nadie debe cargar con sus culpas o pecados para
siempre; todos somos pasibles de expiación.
Esta visión democrática del culto
es fundacional. Se perfeccionó cuando dejamos de tener templo y casta
sacerdotal y comenzamos a guiarnos por las responsas rabínicas, producto de las
discusiones interminables acerca del texto. Si bien el judaísmo se sostuvo
sobre la base de que se aceptan los veredictos de las mayorías, para llegar a
estos veredictos siempre se recorrieron caminos de diálogo fecundo y creativo. Tan
es así que los argumentos de unos y otros quedaron registrados, sea cual sea el
criterio que prevaleció.
La revolución jasídica en el
siglo XVIII, si no me equivoco, también buscó una mayor y más directo
acercamiento a dios en contraste con las formalidades y requisitos del judaísmo
ortodoxo y erudito de la época.
Lo que me resulta extraño entender
a esta altura de la historia es que haya judíos que prediquen la reconstrucción
del templo y actúen políticamente para ello. No sólo tiene consecuencias
políticas obvias y terribles, sino que desde el punto de vista judío liso y
llano carece de sentido. ¿Acaso volveremos a los sacrificios? ¿O pensamos en un
templo versión siglo XXI, cualquiera fuera? ¿Volveríamos a tener una casta
sacerdotal que determine cómo son las cosas? El templo y sus sacrificios son
cosa de un pasado remoto para ser leídos como metáfora acerca de nuestra
relación con lo divino. El resto es política y luchas de poder. Dios ya no nos
llama (vaykra) para sacrificar sino para pacificar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario