Vayak-hel/Pikude
El almanaque obliga y los rabinos,
de bendita memoria. agruparon dos porciones de la Torá en una. Una lectura
doblemente extensa y ciertamente muy densa. Volvemos a leer los materiales
usados para confeccionar los elementos del culto, desde el Tabernáculo hasta la
ropa de los sacerdotes, en todo su bíblico detalle. Sólo que esta vez no son
instrucciones sino el proceso de manufacturación y confección así como el
detalle de los insumos. En suma, no deja de ser un proceso industrial sostenido
por un registro contable de los recursos usados. Nada que sorprenda a
artesanos, artistas, o administradores; pero que nos deja un poco perplejos a
quienes leemos la Torá en busca de significados más “trascendentes”. “Vayak-hel/Pekude”
puede resultar un poco frustrante en este sentido.
“Vayak-hel” significa “congregó”;
“Pekude” significa “contabilizó” o “inventarió”. En las formaciones de los
campamentos juveniles nos contábamos a nosotros mismos con la orden “lehitpaked!”.
Nunca supimos el origen bíblico de esta disciplina.
Éxodo 35:2 es claro: antes de
hacer nada se nos recuerda que “seis días trabajarás y el séptimo descansarás”.
Antes de siguiera comenzar debes saber
que tu meta no es el trabajo en sí mismo, sino el descanso en sí mismo. En el
versículo 3 dice explícitamente: “No encenderéis fuego en vuestras moradas en
sábado”. Así como contamos los días hacia Shabat, también trabajamos hacia
Shabat, como una progresión semana que desemboca inequívocamente en este día
consagrado. Aun cuando estamos abocados a construir nada menos que los
elementos del culto.
Cabe destacar que el esfuerzo es
explícitamente colectivo. Es liderado por idóneos en el tema, pero el esfuerzo
y las contribuciones no distinguen entre los hijos de Israel. Todos deben
aportar, tiempo y recursos. Si nuevamente hacemos una lectura actual, está
claro que siempre habrá líderes (comunitarios), pero sin un “kahal” (comunidad)
aportante y activa la tarea se torna poco menos que imposible: unos lideran en
forma genérica y estratégica, de visión, como Moshé; otros asumen la
responsabilidad de un tema específico, como Bezalel; y el resto confía y apoya.
Hasta el día de hoy, nada se hace sin gente que lo haga, que ponga sus dos más
validos recursos a disposición: el tiempo y el material (léase dinero). Cuesta creer
que sea tan difícil convencer a algunos.
Ambas parshiot abundan en “listas”, tal como las define Umberto Eco: una
cantidad acumulativa de elementos independientes que genera la sensación de
infinitud; o casi. Este recurso pone énfasis en lo enorme del emprendimiento y
su centralidad para la vida del pueblo. Las listas no aparecen una sino varias
veces, aunque reiteren los elementos listados; lo cual incrementa aún más la
sensación de magnitud y refuerza la importancia de los elementos elegidos y
listados. Si me atrevo a un cálculo rápido, hemos leído ya tres veces acerca de
estos objetos del culto: Tabernáculo, ropas, pecheras, repitiendo siempre
exactamente la misma fórmula.
El inventario de “Pekude” apunta
al afán de registrar de nuestros antepasados. De modo que tuvimos el mandato
divino, tenemos las instrucciones de Moshé, tenemos la confección en sí misma,
y finalmente el control, nuevamente por parte de Moshé. Una vez que está todo
de acuerdo a lo instruido, y en forma obsesivamente exacta, está el Arca pronta
para desplazarse y el pueblo puede seguir su camino. Como en la salida de
Egipto, dios acompaña en forma de nube y fuego. Con nube no avanzaban; sólo lo
hacían cuando la nube ascendía y despejaba el camino. Por la noche, el fuego
protegía el Arca “a los ojos de toda la casa de Israel” (Éxodo 40:38).
Es interesante asociar esta
primer construcción de nuestra cultura a la luz de nuestra realidad actual. Dejamos
atrás el Arca, pasamos por el Templo, y conservamos las Sinagogas ya más de dos
mil años. En cada era, similares desafíos: congregarnos, construir, e inventariar.
Una identidad supone sin duda contar la historia, ser parte de una narrativa;
pero la palabra necesita soportes concretos y reales. Como el software precisa
del hardware. El judaísmo es acerca de ideas, acerca de prácticas, y acerca del
esfuerzo humano en llevarlas a cabo.
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