viernes, 13 de marzo de 2015

Vayak-hel/Pikude

El almanaque obliga y los rabinos, de bendita memoria. agruparon dos porciones de la Torá en una. Una lectura doblemente extensa y ciertamente muy densa. Volvemos a leer los materiales usados para confeccionar los elementos del culto, desde el Tabernáculo hasta la ropa de los sacerdotes, en todo su bíblico detalle. Sólo que esta vez no son instrucciones sino el proceso de manufacturación y confección así como el detalle de los insumos. En suma, no deja de ser un proceso industrial sostenido por un registro contable de los recursos usados. Nada que sorprenda a artesanos, artistas, o administradores; pero que nos deja un poco perplejos a quienes leemos la Torá en busca de significados más “trascendentes”. “Vayak-hel/Pekude” puede resultar un poco frustrante en este sentido.

“Vayak-hel” significa “congregó”; “Pekude” significa “contabilizó” o “inventarió”. En las formaciones de los campamentos juveniles nos contábamos a nosotros mismos con la orden “lehitpaked!”. Nunca supimos el origen bíblico de esta disciplina.

Éxodo 35:2 es claro: antes de hacer nada se nos recuerda que “seis días trabajarás y el séptimo descansarás”.  Antes de siguiera comenzar debes saber que tu meta no es el trabajo en sí mismo, sino el descanso en sí mismo. En el versículo 3 dice explícitamente: “No encenderéis fuego en vuestras moradas en sábado”. Así como contamos los días hacia Shabat, también trabajamos hacia Shabat, como una progresión semana que desemboca inequívocamente en este día consagrado. Aun cuando estamos abocados a construir nada menos que los elementos del culto.

Cabe destacar que el esfuerzo es explícitamente colectivo. Es liderado por idóneos en el tema, pero el esfuerzo y las contribuciones no distinguen entre los hijos de Israel. Todos deben aportar, tiempo y recursos. Si nuevamente hacemos una lectura actual, está claro que siempre habrá líderes (comunitarios), pero sin un “kahal” (comunidad) aportante y activa la tarea se torna poco menos que imposible: unos lideran en forma genérica y estratégica, de visión, como Moshé; otros asumen la responsabilidad de un tema específico, como Bezalel; y el resto confía y apoya. Hasta el día de hoy, nada se hace sin gente que lo haga, que ponga sus dos más validos recursos a disposición: el tiempo y el material (léase dinero). Cuesta creer que sea tan difícil convencer a algunos.

Ambas parshiot abundan en “listas”, tal como las define Umberto Eco: una cantidad acumulativa de elementos independientes que genera la sensación de infinitud; o casi. Este recurso pone énfasis en lo enorme del emprendimiento y su centralidad para la vida del pueblo. Las listas no aparecen una sino varias veces, aunque reiteren los elementos listados; lo cual incrementa aún más la sensación de magnitud y refuerza la importancia de los elementos elegidos y listados. Si me atrevo a un cálculo rápido, hemos leído ya tres veces acerca de estos objetos del culto: Tabernáculo, ropas, pecheras, repitiendo siempre exactamente la misma fórmula.

El inventario de “Pekude” apunta al afán de registrar de nuestros antepasados. De modo que tuvimos el mandato divino, tenemos las instrucciones de Moshé, tenemos la confección en sí misma, y finalmente el control, nuevamente por parte de Moshé. Una vez que está todo de acuerdo a lo instruido, y en forma obsesivamente exacta, está el Arca pronta para desplazarse y el pueblo puede seguir su camino. Como en la salida de Egipto, dios acompaña en forma de nube y fuego. Con nube no avanzaban; sólo lo hacían cuando la nube ascendía y despejaba el camino. Por la noche, el fuego protegía el Arca “a los ojos de toda la casa de Israel” (Éxodo 40:38).


Es interesante asociar esta primer construcción de nuestra cultura a la luz de nuestra realidad actual. Dejamos atrás el Arca, pasamos por el Templo, y conservamos las Sinagogas ya más de dos mil años. En cada era, similares desafíos: congregarnos, construir, e inventariar. Una identidad supone sin duda contar la historia, ser parte de una narrativa; pero la palabra necesita soportes concretos y reales. Como el software precisa del hardware. El judaísmo es acerca de ideas, acerca de prácticas, y acerca del esfuerzo humano en llevarlas a cabo.

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