Beshalaj
Una primera lectura obliga a
ordenarse. Una vez más una sola porción de la Torá engloba más de lo que un
hombre común puede abarcar. Me atrevería a dividir esta porción en tres partes
temáticas claras: batalla, forma de vida, batalla. Nada que no suceda hoy en la
vida de los judíos en Israel, y de alguna manera menos clara a todos los judíos
del mundo: de los ataques de esta semana en el norte de Israel al entierro de
Nisman en Buenos Aires, pasando por el hipermercado kasher en París hace un
mes, la constante batalla-vida cotidiana-batalla existe. Acaso sea inherente a
nuestra naturaleza.
La primer batalla tiene forma de
persecución: los hijos de Israel avanzan por el desierto, por el camino largo
para evitar justamente más batallas (con los filisteos y en inferioridad de
condiciones), no sin dificultades, hasta que llegan frente al Mar de los Juncos
(Iam Suf), que identificamos hoy como Mar Rojo. Tras ellos vienen los egipcios
con sus carros, caballos, y ejército: todo su poderío. Una vez más dios, para
hacer más formidables sus proezas, “endurece el corazón” del faraón y los
egipcios. Todos sabemos el desenlace: las aguas se abren o retroceden, se
forman dos muros de agua, y el pueblo cruza durante la noche mientras que en la
madrugada los egipcios mueren ahogados.
La segunda batalla es con Amalec
en Éxodo 17:8. Dios también ayuda pero interviene sensiblemente menos. Moshé
debe permanecer con los brazos en alto para que Israel prevalezca, pero los
guerreros elegidos por Ieoshua deben luchar. Hay que hacer el trabajo sucio, en
este caso dios no obra milagros ni incide sobre el enemigo. La frase que cierra
“Beshalaj” es no sólo intrigante sino atemorizante: “…, habrá guerra del Eterno
contra Amalec a través de las generaciones” (Éxodo 17:16). Ciertamente el vaticinio
bíblico se ha cumplido, hasta nuestra generación.
En medio de estas dos escenas
bélicas queda ubicado el tema de la forma de vida, del manejo social, del
alimento y el agua, asuntos básicos si los hay: codornices, maná, y agua que
mana en diferentes formas. Dios provee: esta idea sigue vigente y es por eso
que nuestra liturgia incluye tantas bendiciones y plegarias de reconocimiento y
agradecimiento. Comienza a esbozarse el Shabat con instrucciones muy precisas y
con la ausencia de milagros en Shabat: no cae maná, hay que recogerlo el sexto
día y guardarlo para el séptimo. Están también las instrucciones de cocina para
ese día. En la próxima porción de la Torá, “Yitro” recibiremos por primera vez
los diez mandamientos con un mandato simple: recordar el Shabat. Sin embargo
antes de ese momento ya tenemos instrucciones precisas y concretas.
En “Beshalaj” hay varios temas
recurrentes: dios que “endurece” al enemigo (egipcios) para hacer más
formidable su milagro; los “milagros”: las columnas de humo y fuego y sus
variantes, la apertura del mar; las instrucciones sobre cómo vivir, pautas
sociales; las quejas del pueblo frente a Moshé y su deseo de volver a Egipto;
la aproximación a la roca para extraer de ella agua (en este caso golpeándola,
más adelante será hablándole); la confrontación de un enemigo/vecino, que viene
desde el libro de Bereshit; y el concepto de avanzar según las instrucciones de
dios. Esto último no sólo es recurrente en la Biblia hebrea toda sino que es un
concepto básico judío: siempre hay un propósito y marchamos rumbo a un destino
determinado.