Pinjas
“Pinjas” es “la del fanático que
atraviesa a la pareja con su lanza”. Sucede que no: Pinjas el personaje aparece
al final de “Balak” para cometer este crimen justificado por texto bíblico,
pero la porción de la Torá que lleva su nombre lo revindica como sacerdote y se
ocupa de temas mucho más elevados, nobles, y constructivos: la distribución de
las tierras cuando se llegue a La Tierra; la justicia con el género femenino en
relación a la propiedad; la sucesión del liderazgo; y las festividades. El
episodio fanático queda entonces “escondido” en Números 25:1-9, entre las
profecías de Balaam y los nuevos anuncios divinos que ocuparán “Pinjas”.
Volvemos al viejo, querido, y conocido diálogo entre dios, Moshé, y los hijos
de Israel. Después de la fábula de “Balak”, la historia retoma su curso.
El impacto y la crudeza de la
escena que cierra “Balak” es tal que constituye una unidad temática aparte del
resto de esa porción. Tal vez haya quedad incluida en ella para construir el
suspenso y el deseo de seguir leyendo, como en toda novela por entregas o como
en toda telenovela. Después de todo, la Torá mezcla permanentemente las
instrucciones, las leyes, con estadísticas, genealogías, descripciones, pero
nunca olvida avanzar la trama. Nada atrapa más al lector que una buena
historia. La de Pinjas asesinando a la pareja trasgresora sin duda lo es.
Los midianitas ejercieron desde
siempre una fuerte atracción y tuvieron una cierta afinidad con los hijos de
Israel: Yitró es midianita, su hija Tzipora se convierte en esposa de Moshé;
Midian no es Amalec. La actitud celosa y fanática de Pinjas está justificada
por la plaga que había infectado al pueblo; hay algo más simbólico que real en
esta plaga. Con el atravesamiento por lanza la plaga se detiene. Parecería que
no es tanto la unión con una midianita sino el culto al dios de los midianitas
lo que causa el estrago. En otras
palabras: no es grave amar o desposar a una “otra” si la acercamos a nosotros;
lo grave es la idolatría que supone lo contrario. Eso es lo que castiga Pinjas.
“Pinjas” es una de esas porciones
extensas y densas en materiales y significados: hay genealogía, distribución de
tierras, justicia de género, sucesión, y festividades. Así como los críticos
del fanatismo se aferran al episodio que cierra “Balak”, los propulsores de la
igualdad del hombre y la mujer en el culto y los preceptos se aferran al
episodio de las hijas de Zelofejad. Más allá del dictamen igualitario quiero
destacar el proceso de razonamiento que se construye entre la exposición de las
hijas y la sentencia de dios; tiene mucho de responsa rabínica, de
justificación legal y jurisprudencia; el mismo proceso que se aplicará siglos
más tarde y hasta nuestros días para acometer problemas no previstos. Ésta es
una de las grandes fortalezas del judaísmo y aquí está su génesis.
El otro tema que quiero destacar
es la sucesión clara e inequívoca, ordenada. La voluntad divina es que Moshé no
entre a La Tierra, pero es Moshé quien pide un sucesor. Si bien es dios quien
se pronuncia por Josué (en la Torá todo es obra de dios), está claro que era él
a quien Moshé venía preparando: ha sido co-protagonista de los eventos más
importantes hasta ahora y ha estado inequívocamente del lado del
“establishment” en todos los episodios críticos. Este procedimiento, tan breve
y explícito, debería regir las sucesiones en cualquier organización. En el
ámbito comunitario todo dirigente debería saberse un poco como Moshé: no por su
magnitud como líder, sino por su finitud como tal: hay tareas que no nos toca
acometer. Nuestra responsabilidad como líderes es encontrar el sucesor para
luego salir de escena; no seguir incidiendo desde las sombras. La realidad
demuestra ser un poco más compleja: la mayoría es como Moshé en el sentido que
quieren evitar liderazgos propuestos; otros son como Koraj, que quieren
desafiar el liderazgo por el mero poder; y unos pocos son como Moshé en el
sentido que nombran un sucesor y saben que su tiempo ha terminado.
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