Balak
“Bamidbar” o “Números” es
básicamente acerca de los preparativos de los hijos de Israel para entrar en la
tierra prometida, del mismo modo que “Levítico” trató acerca de las normas de
pureza, los rituales, y las festividades. Si bien cada libro tiene su hilo
conductor, la Torá vuelve sobre unos y otros temas inaugurando un diálogo
permanente que perdurará hasta nuestros días. En ese contexto, “Balak” encaja
históricamente pero se destaca del resto por su estilo y sus personajes.
Excepto desde Números 25:1 en adelante, ni Moshé ni Arón ni sus hijos son
nombrados; la trama se desarrolla en otras “tiendas”, si tomamos prestada la
maldición-devenida-bendición de Balaam.
Una vez más el nombre de la
porción de la Torá es el de un extranjero, como en el caso de “Yitró” en
“Éxodo”. En este caso es un enemigo, un obstáculo en el camino para los hijos
de Israel. Sin embargo, el narrador empatiza con Balak: el punto de vista de la
narración acompaña al personaje. Son las vicisitudes de Balak las que nos cuenta
el relato, permitiendo las libertades de cualquier narrador omnisciente de
saltar entre un personaje y otro, entre Balak y Balaam.
El punto es que, una vez más,
somos definidos por terceros. El temor de Balak provoca las bendiciones que nos
definen. Cito tres ejemplos, uno por cada bendición: “…Su pueblo será solitario
y no se contará entre las demás gentes” (Números 23:9); “Porque no hay magia en
Jacob, ni hechicería en Israel.” (Números 23:23); “Dios, que lo libró de Egipto
es para él como la fuerza de un toro salvaje.” (Números 24:8). Están claramente
descriptas la soledad de Israel entre las naciones, su apego a una religión
auténtica y despojada, y la fuerza del monoteísmo a ultranza.
Por supuesto también hay
bendiciones más problemáticas, como en Números 23:24, “… pues no descansara
hasta comer la presa y beber la sangre de los exterminados”, o en 24:8, “…
Devorará pueblos enemigos haciendo crujir sus huesos y los atravesará con sus
certeras saetas”. Si los antisemitas precisaran argumentos, en estos pasajes se
los estaríamos ofreciendo servidos en bandeja.
La tradición nos ha enseñado que
Balaam no puede maldecir y en su lugar brotan bendiciones. Como en tantas
situaciones, tendemos a tomar la parte por el todo y no leemos el texto en toda
su complejidad. Si sólo citamos “¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob y tus
moradas, oh Israel!” (Números 24:5) estamos obviando el lado más oscuro de un
texto complejo y ambiguo. Las bendiciones de Balaam son tales pero también
contienen su buena cuota velada de maldición.
Todo el texto está sostenido en
un lenguaje metafórico asociado con lo animal. La asna sobre la cual cabalga
Balaam es tal vez el más famoso por su capacidad de ver más que su amo y
dialogar con él de igual a igual. Este episodio no tiene nada que envidiar los
animales sabios y parlanchines a los que nos acostumbraron los dibujos
animados. Del mismo modo, las imágenes de leones y leonas, de toros y carneros,
son símbolo de fuerza, pasión, e, inevitablemente, sangre.
Es que la historia se pondrá muy
sangrienta: en Números 25 el texto ha cerrado el “episodio Balak” y vuelve a
focalizar en los hijos de Israel y sus desventuras en el desierto. Está porción
de la Torá termina con una de las escenas más violentas y “fanáticas” de la
Biblia: Pinjás atravesando con su lanza a un varón de Israel y una midianita.
Esto sucede en el contexto de una nueva incursión, por parte del pueblo, en la
idolatría. Muchos seguramente rescatan el contexto para justificar el acto de
Pinjás. Pero del mismo modo que en “Jukat” dios castiga a Moshé por golpear la
piedra en lugar de hablarle, uno podría pensar que después de un episodio tan
dialogado y tan rico en lenguaje como hemos leído en “Balak” el desenlace podía
haber sido otro.
Daría la impresión que en
nuestras relaciones con terceros, con los otros, apelamos al diálogo, mientras
que puertas adentro tendemos a ser más violentos. Somos muy auto-exigentes a la
vez que frente al enemigo, potencial o real, buscamos primero un camino a
través de la palabra. Cuando éste no da resultado, apelamos a la violencia.
Somos a la vez el profeta con su vara y el león erigido rey en la cima del monte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario