lunes, 20 de julio de 2015

Matot-Mase

Estas dos porciones de la Torá no sólo se leen juntas sino que tienen una clara unidad temática. Por un lado se “liquida” el “problema midianita” que se arrastra desde las porciones anteriores, y por otro lado se va disponiendo todo para el cruce del río, la conquista, y el reparto de la tierra. Todo esto profusamente salpicado por datos concretos: nombres de tribus, líderes, zonas, lugares, fronteras. “Matot-Mase” tiene mucho de manual de instrucciones para una vida comunitaria justa y ordenada. Está claro que el tiempo ha pasado: del Nilo al Jordán no sólo han pasado cuarenta años, sino que el pueblo se ha ido transformando, depurando. Ahora está pronto para la guerra y para triunfar, a la vez que se va previendo la organización social que regirá habitar la tierra prometida.

Resulta asombrosa, una vez más, la actualidad del texto bíblico. Todos los temas tratados en estas dos porciones de la Torá aluden directamente a problemas que como judíos y como Estado de Israel enfrentamos hoy.

El más obvio es el tema de la guerra, las víctimas, el botín. Menos obvio es el tema del reparto de este botín: el pueblo que hace la guerra debe proveer a sacerdotes y levitas de modo que se pueda sostener el culto; algo parecido a sostener las comunidades ultra ortodoxas que hoy en día estudian la Torá y preservan la tradición en su máxima y verdadera pureza. En términos bíblicos la previsión impuesta por dios parece racional; en términos de la realidad de hoy la idea es simplemente anacrónica e injusta. Como tantos otros aspectos del texto bíblico, éste tema ha sido manipulado y llevado a los extremos.

Otros extremos que confrontamos en la actualidad pero ya están descriptos en “Matot-Mase” hace a las fronteras y el reparto de las tierras. La obstinación de las tribus de Reubén, Gad, y la mitad de Menashé para quedarse del otro lado del Jordán, a cualquier costo, ignora las fronteras determinadas por dios en este mismo texto. Dios es realista: así como sabe que si los habitantes de Canaan no son exterminados serán una amenaza permanente para el pueblo, sabe que la tierra prometida es una y no otra. Las fronteras que figuran en Números 34:1-12 suenan más que razonables; las tribus que se quedan fuera de las mismas representan un problema con el que el texto lidia extensamente.


Hay por cierto elementos muy positivos en el texto: las responsabilidades están proporcionalmente ligadas a los beneficios obtenidos, en un claro sentido de justicia social. El concepto de las ciudades refugio, si bien es muy complejo, parece revolucionario, hasta el día de hoy: una protección incluso para el presunto criminal. Las ciudades para los levitas proveen a una tribu que no recibe bienes ni tierras. En suma: el libro de Números cierra con una incipiente organización social de la vida en comunidad estable y establecida.

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