Matot-Mase
Estas dos porciones de la Torá no
sólo se leen juntas sino que tienen una clara unidad temática. Por un lado se
“liquida” el “problema midianita” que se arrastra desde las porciones
anteriores, y por otro lado se va disponiendo todo para el cruce del río, la
conquista, y el reparto de la tierra. Todo esto profusamente salpicado por
datos concretos: nombres de tribus, líderes, zonas, lugares, fronteras.
“Matot-Mase” tiene mucho de manual de instrucciones para una vida comunitaria
justa y ordenada. Está claro que el tiempo ha pasado: del Nilo al Jordán no
sólo han pasado cuarenta años, sino que el pueblo se ha ido transformando,
depurando. Ahora está pronto para la guerra y para triunfar, a la vez que se va
previendo la organización social que regirá habitar la tierra prometida.
Resulta asombrosa, una vez más,
la actualidad del texto bíblico. Todos los temas tratados en estas dos
porciones de la Torá aluden directamente a problemas que como judíos y como
Estado de Israel enfrentamos hoy.
El más obvio es el tema de la
guerra, las víctimas, el botín. Menos obvio es el tema del reparto de este
botín: el pueblo que hace la guerra debe proveer a sacerdotes y levitas de modo
que se pueda sostener el culto; algo parecido a sostener las comunidades ultra
ortodoxas que hoy en día estudian la Torá y preservan la tradición en su máxima
y verdadera pureza. En términos bíblicos la previsión impuesta por dios parece
racional; en términos de la realidad de hoy la idea es simplemente anacrónica e
injusta. Como tantos otros aspectos del texto bíblico, éste tema ha sido
manipulado y llevado a los extremos.
Otros extremos que confrontamos
en la actualidad pero ya están descriptos en “Matot-Mase” hace a las fronteras
y el reparto de las tierras. La obstinación de las tribus de Reubén, Gad, y la
mitad de Menashé para quedarse del otro lado del Jordán, a cualquier costo,
ignora las fronteras determinadas por dios en este mismo texto. Dios es
realista: así como sabe que si los habitantes de Canaan no son exterminados serán
una amenaza permanente para el pueblo, sabe que la tierra prometida es una y no
otra. Las fronteras que figuran en Números 34:1-12 suenan más que razonables;
las tribus que se quedan fuera de las mismas representan un problema con el que
el texto lidia extensamente.
Hay por cierto elementos muy
positivos en el texto: las responsabilidades están proporcionalmente ligadas a
los beneficios obtenidos, en un claro sentido de justicia social. El concepto
de las ciudades refugio, si bien es muy complejo, parece revolucionario, hasta
el día de hoy: una protección incluso para el presunto criminal. Las ciudades
para los levitas proveen a una tribu que no recibe bienes ni tierras. En suma:
el libro de Números cierra con una incipiente organización social de la vida en
comunidad estable y establecida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario