Terumá
Para alguien ni ritualista ni
tradicionalmente “religioso” este tipo de textos podrían ser obviados. “Terumá”
es una memoria descriptiva del Tabernáculo y los elementos necesarios para el
culto. Basta googlear el tema o buscar bibliografía más tradicional para
encontrar las versiones gráficas de todo lo descripto allí en cuanto a
proporciones, medidas, detalles. Con los recursos de hoy en día podemos incluso
sumar colores y por qué no aproximaciones a texturas. Con todo, no dejan de ser
todos objetos y materiales inanimados. Es el hombre el que los dota de sentido
bajo las instrucciones divinas.
De hecho, la única frase que no
tiene que ver con hacer o construir es la que abre la porción de la Torá en
Éxodo 25:2: “Diles a los hijos de Israel que Me traigan ofrendas donadas por
todo hombre, que las dé de corazón.” Subrayo esta última frase porque es
la única que habla de un sentimiento, de una intención, o como se dice en
hebreo, “kavaná”; término usado también cuando se improvisa una reflexión
durante o previo a un rezo preestablecido, algo espontáneo a diferencia de las
plegarias prescriptas. Es que “Terumá”, que quiere decir “contribución” o
incluso “donación” es acerca de cómo nos acercamos a dios. Cómo nos vinculamos
con la divinidad. Después de las leyes que tratan de la relación del hombre con
su semejante, tal como leímos en “Mishpatim”, ahora comenzamos a explorar la
relación del hombre con dios. Lo hacemos con los elementos más concretos, los
objetos, el marco físico que sostiene la experiencia espiritual.
Como sostiene Paul Johnson, es
fascinante y a la vez asombrosa la obsesión bíblica por el detalle. A ella se
aferraron “nuestros sabios de bendita memoria” (Jaza’l) y de ella se han
apartado las corrientes más reformadoras (por no decir reformistas) del
judaísmo posterior al siglo XXVIII. Un judaísmo no ortodoxo tiende a quedarse
con el versículo 2 antes citado y no con el resto de la parashá; eso es
material de estudio para investigadores o eruditos de la Torá.
El detalle que describe los
elementos físicos para el culto es la preparación del mismo, su marco de
referencia físico y tangible. En el detalle de los materiales a usar se hace
hincapié en su cualidad de pureza ritual, al elegirse ciertos materiales y no
otros. Así, el judaísmo vuelve sobre un tema recurrente: la elección, la
separación, el “apartar” materiales, tiempos, y hasta espacios para su
consagración. “Terumá” trata de eso: cómo consagramos.
Los elementos físicos son el
soporte de los actos de consagración, los “sacrificios”, cuyo detalle leeremos
más adelante. En hebreo “korban”, de la raíz KRB, “acercamiento”, “cercano”, se
trata de cómo nos acercamos a dios. Destruido el templo en 70 EC, las plegarias
sustituyeron el sacrificio como forma de acercarnos a lo divino. Al mismo
tiempo, si uno lee a los grandes profetas bíblicos verá que siempre vuelven al
mismo tema: la “intención” detrás del sacrificio. Que éste no se convierta en
un acto vacío de contenidos, meramente formal. Lo mismo podría decirse del rezo
y los rituales hoy en día: podemos “pasar por ellos” o podemos dotarlos de
propósito y sentido, además.
“Terumá”, con toda su avalancha
de detalle, es acerca de nuestra aproximación a dios, o lo divino. Como dice
apenas comienza, debe ser “de corazón”. El resto, parafraseando a Hilel, es
detalle.
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