viernes, 20 de febrero de 2015

Terumá

Para alguien ni ritualista ni tradicionalmente “religioso” este tipo de textos podrían ser obviados. “Terumá” es una memoria descriptiva del Tabernáculo y los elementos necesarios para el culto. Basta googlear el tema o buscar bibliografía más tradicional para encontrar las versiones gráficas de todo lo descripto allí en cuanto a proporciones, medidas, detalles. Con los recursos de hoy en día podemos incluso sumar colores y por qué no aproximaciones a texturas. Con todo, no dejan de ser todos objetos y materiales inanimados. Es el hombre el que los dota de sentido bajo las instrucciones divinas.

De hecho, la única frase que no tiene que ver con hacer o construir es la que abre la porción de la Torá en Éxodo 25:2: “Diles a los hijos de Israel que Me traigan ofrendas donadas por todo hombre, que las dé de corazón.” Subrayo esta última frase porque es la única que habla de un sentimiento, de una intención, o como se dice en hebreo, “kavaná”; término usado también cuando se improvisa una reflexión durante o previo a un rezo preestablecido, algo espontáneo a diferencia de las plegarias prescriptas. Es que “Terumá”, que quiere decir “contribución” o incluso “donación” es acerca de cómo nos acercamos a dios. Cómo nos vinculamos con la divinidad. Después de las leyes que tratan de la relación del hombre con su semejante, tal como leímos en “Mishpatim”, ahora comenzamos a explorar la relación del hombre con dios. Lo hacemos con los elementos más concretos, los objetos, el marco físico que sostiene la experiencia espiritual.

Como sostiene Paul Johnson, es fascinante y a la vez asombrosa la obsesión bíblica por el detalle. A ella se aferraron “nuestros sabios de bendita memoria” (Jaza’l) y de ella se han apartado las corrientes más reformadoras (por no decir reformistas) del judaísmo posterior al siglo XXVIII. Un judaísmo no ortodoxo tiende a quedarse con el versículo 2 antes citado y no con el resto de la parashá; eso es material de estudio para investigadores o eruditos de la Torá.

El detalle que describe los elementos físicos para el culto es la preparación del mismo, su marco de referencia físico y tangible. En el detalle de los materiales a usar se hace hincapié en su cualidad de pureza ritual, al elegirse ciertos materiales y no otros. Así, el judaísmo vuelve sobre un tema recurrente: la elección, la separación, el “apartar” materiales, tiempos, y hasta espacios para su consagración. “Terumá” trata de eso: cómo consagramos.

Los elementos físicos son el soporte de los actos de consagración, los “sacrificios”, cuyo detalle leeremos más adelante. En hebreo “korban”, de la raíz KRB, “acercamiento”, “cercano”, se trata de cómo nos acercamos a dios. Destruido el templo en 70 EC, las plegarias sustituyeron el sacrificio como forma de acercarnos a lo divino. Al mismo tiempo, si uno lee a los grandes profetas bíblicos verá que siempre vuelven al mismo tema: la “intención” detrás del sacrificio. Que éste no se convierta en un acto vacío de contenidos, meramente formal. Lo mismo podría decirse del rezo y los rituales hoy en día: podemos “pasar por ellos” o podemos dotarlos de propósito y sentido, además.


“Terumá”, con toda su avalancha de detalle, es acerca de nuestra aproximación a dios, o lo divino. Como dice apenas comienza, debe ser “de corazón”. El resto, parafraseando a Hilel, es detalle.

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