viernes, 13 de febrero de 2015

Mishpatim

Con ésta comienzan las parshiot que me gusta llamar “incómodas”. En mayor o menor medida son sumatorias de normas y preceptos, prohibiciones y mandatos. Podríamos también usar el término de “listas” tal como lo acuñó Umberto Eco en su libro “El Vértigo de las Listas”: si bien los preceptos en el judaísmo están contados y son seiscientos trece, está clara la sensación de infinitud cuando leemos este tipo de texto. Si a eso agregamos usos y costumbres, tradiciones, y jurisprudencia rabínica, entonces por cierto que el vértigo del que habla Eco se materializa. Hay algo inabarcable en la ley judía, y todo ha comenzado aquí, en el “Jumash” (Pentatéuco).

Las llamo incómodas porque muchas de las normas son absolutamente irrelevantes e inaplicables bajo los estándares en que nos movemos hoy en día. No sólo los preceptos que tiene que ver con el culto del templo, por ejemplo, sino aquellos que tienen que ver con la dureza o crueldad de los castigos y el status de algunos seres humanos como mujeres, esclavos, e hijos. La Biblia está llena de normas y mandatos que nos hacen mucho ruido. Aun cuando la tradición rabínica se ocupó con mucha creatividad de adaptar y actualizar estas normas, la mera lectura puede producir escalofríos. Lamentablemente, la mayoría de los lectores eligen escapar del texto. Para mí, aunque difícil, el desafío es leerlo y hacerlo nuestro. De alguna manera.

Es una pena que el afán transformador, creativo, de la tradición rabínica y posterior se haya detenido tan abruptamente allá por el siglo XVIII. La creatividad y capacidad de adaptación han debido seguir el camino de la Reforma y el Movimiento Conservador, mientras que la Ortodoxia, en mayor o menor medida, sigue aferrada a normas cada vez más inamovibles para ellos. No sólo priva al mundo judío de cierta unidad; no sólo por detalles no permite reconocer la poca unidad que sí existe; sino que convierte a la norma, al precepto, en una herramienta política y de poder. El detalle y la formalidad matan el espíritu de la ley, su razón de ser.

Es evidente que abordar “Mishpatim” es una tarea que estoy tratando de eludir. Pero la consigna de este año exige que lo haga. Entiendo que para abordar todas las normas aquí detalladas se precisa un nivel de lectura y profundidad del que carezco. Una primera y segunda lectura nos enfrentan a algunos de los preceptos más caros del judaísmo, a saber (la selección es mía, hoy):

1.       El buey corneador, en Éxodo 21:28-37.
2.       Sacrificios (adoración) a otros dioses, en Éxodo 22:19
3.       El respeto al extranjero, en Éxodo 22:20 y Éxodo 23:9
4.       Prestar dinero, en Éxodo 22:24
5.       Respeto al sistema de justicia (ver caso Nisman), en Éxodo 22:27
6.       No mentir, en Éxodo 23:1
7.       No tomar soborno, en Éxodo 23:8

Estos siete asuntos elegidos de entre muchos más sólo en esta porción de la Torá son aquellos que podemos llamar de tipo social, no de culto. Esto es un capítulo aparte, del cual sólo elegí el asunto del monoteísmo por ser central no sólo al judaísmo sino al texto que hemos leído hasta ahora.

“Mishpatim” es un largo paréntesis, por medio de un inventario de preceptos, en la experiencia mística que estaba viviendo el pueblo frente al monte en Sinaí. En Éxodo 24 dios deja de dictar preceptos para volver a focalizarse en la experiencia colectiva que había provocado. Los preceptos de “MIshpatim” son una suerte de apertura del decálogo que leímos la semana pasada en “Yitró”, atendiendo muchas más situaciones y casuística. Los Diez Mandamientos son titulares, marco de referencia. Si alguien tuvo la ilusión de que con eso era suficiente, “Mishpatim” se ocupa de aclarar las cosas. El asunto es complejo, largo, y difícil.


Finalmente Moshé sube a la montaña para internarse en ella y recibir toda la ley directamente de dios, “durante cuarenta días con sus noches” (Éxodo 24:18). Sigue el espectáculo de luces y sonido que vivimos en “Yitró”, sigue la expectativa y la experiencia mística. De aquí en más la narrativa será menos acerca de hechos y cada vez más acerca de La Ley. Sucederán episodios aislados, el pueblo irá avanzando en el desierto, pero mientras tanto irán aprendiendo y perfeccionando todos estos preceptos. Tarea que seguimos acometiendo hasta el día de hoy.

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