Mishpatim
Con ésta comienzan las parshiot
que me gusta llamar “incómodas”. En mayor o menor medida son sumatorias de
normas y preceptos, prohibiciones y mandatos. Podríamos también usar el término
de “listas” tal como lo acuñó Umberto Eco en su libro “El Vértigo de las
Listas”: si bien los preceptos en el judaísmo están contados y son seiscientos
trece, está clara la sensación de infinitud cuando leemos este tipo de texto.
Si a eso agregamos usos y costumbres, tradiciones, y jurisprudencia rabínica,
entonces por cierto que el vértigo del que habla Eco se materializa. Hay algo
inabarcable en la ley judía, y todo ha comenzado aquí, en el “Jumash”
(Pentatéuco).
Las llamo incómodas porque muchas
de las normas son absolutamente irrelevantes e inaplicables bajo los estándares
en que nos movemos hoy en día. No sólo los preceptos que tiene que ver con el
culto del templo, por ejemplo, sino aquellos que tienen que ver con la dureza o
crueldad de los castigos y el status de algunos seres humanos como mujeres,
esclavos, e hijos. La Biblia está llena de normas y mandatos que nos hacen
mucho ruido. Aun cuando la tradición rabínica se ocupó con mucha creatividad de
adaptar y actualizar estas normas, la mera lectura puede producir escalofríos.
Lamentablemente, la mayoría de los lectores eligen escapar del texto. Para mí,
aunque difícil, el desafío es leerlo y hacerlo nuestro. De alguna manera.
Es una pena que el afán
transformador, creativo, de la tradición rabínica y posterior se haya detenido
tan abruptamente allá por el siglo XVIII. La creatividad y capacidad de
adaptación han debido seguir el camino de la Reforma y el Movimiento
Conservador, mientras que la Ortodoxia, en mayor o menor medida, sigue aferrada
a normas cada vez más inamovibles para ellos. No sólo priva al mundo judío de
cierta unidad; no sólo por detalles no permite reconocer la poca unidad que sí
existe; sino que convierte a la norma, al precepto, en una herramienta política
y de poder. El detalle y la formalidad matan el espíritu de la ley, su razón de
ser.
Es evidente que abordar
“Mishpatim” es una tarea que estoy tratando de eludir. Pero la consigna de este
año exige que lo haga. Entiendo que para abordar todas las normas aquí
detalladas se precisa un nivel de lectura y profundidad del que carezco. Una
primera y segunda lectura nos enfrentan a algunos de los preceptos más caros
del judaísmo, a saber (la selección es mía, hoy):
1. El
buey corneador, en Éxodo 21:28-37.
2. Sacrificios
(adoración) a otros dioses, en Éxodo 22:19
3. El
respeto al extranjero, en Éxodo 22:20 y Éxodo 23:9
4. Prestar
dinero, en Éxodo 22:24
5. Respeto
al sistema de justicia (ver caso Nisman), en Éxodo 22:27
6. No
mentir, en Éxodo 23:1
7. No
tomar soborno, en Éxodo 23:8
Estos siete asuntos elegidos de
entre muchos más sólo en esta porción de la Torá son aquellos que podemos
llamar de tipo social, no de culto. Esto es un capítulo aparte, del cual sólo
elegí el asunto del monoteísmo por ser central no sólo al judaísmo sino al
texto que hemos leído hasta ahora.
“Mishpatim” es un largo paréntesis,
por medio de un inventario de preceptos, en la experiencia mística que estaba
viviendo el pueblo frente al monte en Sinaí. En Éxodo 24 dios deja de dictar
preceptos para volver a focalizarse en la experiencia colectiva que había
provocado. Los preceptos de “MIshpatim” son una suerte de apertura del decálogo
que leímos la semana pasada en “Yitró”, atendiendo muchas más situaciones y
casuística. Los Diez Mandamientos son titulares, marco de referencia. Si alguien
tuvo la ilusión de que con eso era suficiente, “Mishpatim” se ocupa de aclarar
las cosas. El asunto es complejo, largo, y difícil.
Finalmente Moshé sube a la
montaña para internarse en ella y recibir toda la ley directamente de dios,
“durante cuarenta días con sus noches” (Éxodo 24:18). Sigue el espectáculo de
luces y sonido que vivimos en “Yitró”, sigue la expectativa y la experiencia
mística. De aquí en más la narrativa será menos acerca de hechos y cada vez más
acerca de La Ley. Sucederán episodios aislados, el pueblo irá avanzando en el desierto,
pero mientras tanto irán aprendiendo y perfeccionando todos estos preceptos.
Tarea que seguimos acometiendo hasta el día de hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario