Vayishlaj
Esta parashá podría subtitularse
“nosotros y los otros”, una forma muy actual de denominar nuestra relación con
el entorno. Si para muestra alcanza un botón, sin embargo, lo que narra
“Vayishlaj” no es precisamente auspicioso. Si nos atenemos a la lectura
rabínica justificativa y moralista, entonces no hay mucho que decir: las
historias narradas en esta porción de la Torá hablan de nuestra capacidad de
supervivencia a través de la negociación y el diálogo (encuentro Iaacov-Esav)
por un lado, y de nuestro celo religioso y nuestro temor de dios por el otro
(episodio en torno a Dina y los heveos). En medio de estas dos tramas (cada una
de ellas podría ser una película ambiciosa si alguien decidiera emprenderla)
está la famosa lucha nocturna de Iaacov con el “hombre” (“ish”) y su
transformación en Israel.
Una lectura más actual, menos
moralista y más plural, con una buena dosis de sensibilidad hacia el “otro”, el
diferente, tal como mandan los dictados de la nueva consciencia social
prevaleciente en las sociedades avanzadas, nos pondrá en una posición bastante
incómoda como descendientes de Iaacov/Israel.
Él, que fue engañador y engañado
(él engañó a Esav e Isaac por la primogenitura, y fue engañado por Labán por su
trabajo y por Rajel), no puede razonar de otra manera que no sea la de la
sospecha y el temor. Sus preparativos para el encuentro con su hermano son de
una paranoia que raya en lo obsesivo. La meticulosidad de sus preparativos, la
estrategia, los regalos, todo apunta a un temor no precisamente bien fundado en
la narrativa anterior. Después de todo, Esav es despojado de su derecho como
primogénito y lo más que hace es llorar y rogar por una bendición para sí. Tal
como dice en Génesis 27:41, “… dijo en su corazón: “Se aproximan los de
días de lutos por mi padre y entonces mataré a mi hermano Jacob”. Es Rivka
(madre de ambos) que manda escapar a Iaacov por algo que no escuchó sino que
imaginó o supuso; instinto materno le llaman. Son todas conjeturas, tanto de
Rivka como de Iaacov.
Esav, por su parte, a quien el
narrador bíblico deja librado a su suerte y cuyo punto de vista no nos está
dado, llega con brazos abiertos, rico y próspero también él, y dispuesto a amigarse
y convivir con su hermano. En contraste con las elucubraciones paranoicas de
Iaacov, la conducta de Esav es concreta, factual. Mantiene sus rasgos
instintivos y espontáneos que nos muestra en “Toldot”.
En medio de este episodio de
desencuentro y encuentro se nos cuenta la lucha nocturna de Iaacov con el
“hombre” o “ángel de dios”, como lo llama Iaacov. Iaacov tiene una tendencia
clara no sólo a soñar (como luego su hijo Iosef) sino a soñar con ángeles. No
es disparatado pensar que esta lucha es un sueño y por lo tanto simbólica.
Algunos quieren darle un sentido literal, que este “hombre” es en realidad un
enviado de Esav para matar a Iaacov, pero esta hipótesis no es verosímil: Esav
simplemente no es malvado, como nos han hecho creer, ni tiene la imaginación ni
sofisticación de su hermano menor como para pensar en un golpe de este tipo.
Más bien resulta lógico pensar que la lucha de Iaacov es interna, consigo
mismo, y que esta experiencia lo prepara mejor para el encuentro al día
siguiente: ya no será Iaacov (retorcido) sino Israel (de “iashar”, ISR, recto).
La lucha con este “hombre” o consigo mismo es la lucha con su propia
consciencia moral.
Es consciencia moral, acerca de
qué está bien y qué está mal, lo que sale a relucir en Génesis 34:30? O acaso
es otra vez su personalidad paranoica y utilitaria? Me inclino por esto último.
El reproche de Iaacov a Shimón y Levi es por temor, no por justicia. En todo el
episodio en torno a la violación de Dina Iaacov no aparece; es cosa de sus
hijos, en colectivo, que ya muestran su predisposición a los celos, la
violencia, y la justicia por mano propia de la cual será víctima Iosef. Iaacov
aparece cuando el daño está hecho y hay que volver a mudarse.
El episodio de Dina deja un
rastro de sangre y venganza extremas cuyo fin es muy claro: nadie de los hijos
de Israel debe casarse fuera de la familia, o por extensión fuera del pueblo.
La pretensión de que los Heveos sea “como nosotros”, vale decir circuncisos, no
es honesta. Viendo el esfuerzo que hacen los Heveos en circuncidarse
colectivamente, no está claro por qué se planteó la opción en primer lugar si
siempre se supo que la historia no tendría un “happy ending”. Tal vez sea que
colectivamente la propuesta fue honesta, pero un par de hermanos fueron más
fanáticos e hicieron justicia por mano propia. El hecho es que esta historia es
tan actual como uno esté dispuesto a entenderla: en nuestros días casarse fuera
del pueblo judío es un problema, y en algunas familias causa de una muerte
simbólica, como la que dictaminó Tevye el Lechero en “El Violinista en el
Tejado” con una de sus hijas. Al mismo tiempo, episodio de Dina muestra nada
menos que nuestra pretensión de que quien se sume a nuestro pueblo “sea como
nosotros”. En otras palabras, apunta al tema de la conversión. Qué es
convertirse? Cuánto debe resignar el otro para ser nosotros? Cuánto podemos
exigir? Cuánto podemos esperar? Los hombres de Siquem actúan de buena fe,
prueba de ello es su circuncisión; sin embargo, no es suficiente. Los hijos de
Israel sabían desde el principio que no serían aceptados. Cualquier similitud
con situaciones actuales no es casual.
A la luz de este tipo de
episodios es que el libro de Rut queda especialmente descolgado dentro del
canon bíblico. Por suerte nuestros sabios supieron incluir libros un poco más
“actuales” y complejos, acaso más evolucionados, y que traían consigo valores
que en el Pentateuco no estaban presentes por una cuestión de simple evolución.
Libros como Eclesiastés, Job, o Rut, entre otros, están en esta categoría. La
conversión de Rut, considerada la primera conversa, no sólo es por parte de una
mujer, no un hombre, sino que obedece a razones mucho más naturales, no son
consecuencia de una violación. Aun así, el libro de Rut poco tiene que ver con
“Vayishlaj”. Por suerte aun entonces evolucionábamos.
Por último, rescato un “pasuk”
(frase) que me emocionó por su actualidad. Dice en Génesis 35:20 “Y Jacob
erigió una lápida en el lugar de la sepultura que mantiene hasta hoy.”
Qué es “hoy”? Por cierto no es hoy año 2014 E.C., sino un hoy de por lo menos tres
mil años atrás… emociona sentir que el judaísmo tiene su “hoy” en cualquier
tiempo. El mérito de todos nosotros, aun en emprendimientos modestos y
personales como éste de un blog, es permanentemente “mantener hasta hoy” el
relato.
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