viernes, 19 de diciembre de 2014

Vayeshev

Hay dos palabras que definen esta porción de la Torá: una la que le da su nombre, “vayeshev” (residió), y otra que sigue en la segunda oración (Génesis 37:2), “ele toldot iaacov” , que puede traducirse “esta es la historia de iaacov” o bien “ésta es la genealogía de iaacov”, tal como se usa “toldot” en la parashá que lleva ese nombre en Génesis 25:19. Lo que se nos cuenta es la vida de Israel y sus hijos en la tierra de Canaan así como sus problemas de genealogía, de continuidad, traducidos en conflictos generados por sus hijos. Hasta ahora la narrativa bíblica nos tenía acostumbrados a conflictos binarios, de uno contra otro; a partir de “Vayeshev” la trama se complejiza. Todo lo concerniente a Iosef y sus hermanos es de una complejidad que excede la mera pretensión moralista de los conflictos anteriores, aun cuando siempre hemos visto que nadie es totalmente bueno ni absolutamente malo. Con la historia de José la Torá parece dar un salto muy grande hacia delante adentrándose en temas en que, al menos no explícitamente, hasta ahora no ahondó: sueños, seducción, infatuación, celos, chismes, conducta de masas. Hemos pasado a otro paradigma de conductas y motivaciones, mucho más sofisticados.

Se tiende a seguir el argumento bíblico de aquí hasta el fin de “Génesis” a través del punto de vista de Iosef. Sin embargo, inserto en esta porción está el episodio de Tamar y Iehudá. Como todos los episodios que tienen que ver con relaciones extra-familiares, prohibidas, o por lo menos conflictivas. La justificación de incluir estos episodios como algo “descolgado” de la narrativa principal obedece precisamente a la necesidad de explicar y justificar una genealogía que nos lleve hasta el Rey David. La postergada y buscada unión entre Iehudá y su dos veces nuera Tamar permite nacer, no sin el clásico juego bíblico de sustitución de primogenitura, a quien continuará la cadena biológica de la familia. Lo extraño es que los grandes personajes bíblicos están fuera de la misma, existen y son grandes por sí mismos y por lo que representan; el rol de la continuidad recae en personajes si se quiere “menores”, como el propio Iehudá. Parecen ser dos líneas narrativas independientes: una se ocupa de la biología y otra de la conducta y los valores.

La historia de Iosef ocupa cuatro porciones de la Torá. Frente al ritmo que veníamos desde “Lej-lejá” respecto a la relación “patriarca/parashá”, la historia de Iosef es notoriamente desproporcionada. Sin entrar en la discusión erudita acerca de las fuentes que maneja la crítica bíblica, es notorio que estamos hablando un idioma diferente, mucho más sutil y sofisticado. Es otro tiempo, sólo que la Torá no lo marca del mismo modo que un poco más adelante marcará el comienzo del libro de “Éxodo”: (1:8) “Se levantó en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José.” En “Vayeshev” el cambio de paradigma está dado por la narración misma, sus detalles, sus temas, la complejidad de sus personajes.

Si de complejo hablamos, no en vano Iosef es el protagonista. Si hiciéramos referencia a un personaje actual podríamos asociarlo con Sheldon Cooper de “The Big Bang Theory”: absolutamente egocéntrico, ingenuo, y desleal. Sus sueños son tan obvios que parecen inventados. No obstante, una vez en la cárcel su interpretación de los sueños del copero y el panadero del faraón no es sólo acertada sino sofisticada en sí misma. Del niño soplón que sus hermanos arrojan a un pozo y luego venden como esclavo al joven carismático y resuelto en casa de Potifar y en la prisión hay una maduración notoria. No obstante, Iosef mantiene su cualidad aduladora, lo que le permitirá, en las próximas porciones de la Torá, escalar al máximo nivel de la jerarquía egipcia sin haber nacido noble. Muchos han visto en Iosef el prototipo del judío hábil y útil en el seno de la sociedad donde se instala. Si se toma con pinzas, no es una visión desacertada; si se hace hincapié en esta cualidad se está incursionando en un lenguaje con fuertes tonos antisemitas. La diferencia es muy sutil. El Shylock de Shakespeare pasa de ser el financista y habilitador de la excursión de Antonio a villano de la obra; Shakespeare es sutil, mucho más sutil que la Biblia.


La historia de “José y sus hermanos” narrada desde aquí al final de Génesis es de tal riqueza que un autor como Thomas Mann supo escribir una extensa y ambiciosa novela, una suerte de interpretación novelada al cuento bíblico. Ningún blog podrá ser tan exhaustivo ni ambicioso. Lo que queda claramente planteado de aquí en más es que los Hijos de Israel ya somos “mucho más que dos” y los asuntos que nos atañen y enfrentan son mucho más complejos y menos proclives a ser vistos en términos de blanco o negro. Más bien, deben ser vistos “a rayas”, por qué no multicolores, tal como inventó Broadway para “José y su Túnica Multicolor”. La Biblia no habla de colores, pero es solamente natural imaginarlos.

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