miércoles, 12 de agosto de 2015

Ree

Porciones de la Torá como ésta me obligan a insistir en mi percepción de Deuteronomio como un primer comentario u ordenamiento del texto que lo precede desde Génesis hasta Números. Si bien el texto afirma que es la palabra de dios en boca de Moshé, no podemos ignorar el hecho de que ahora es Moshé quien habla cuando en los libros anteriores hablaban dios, Moshé, y el resto de los protagonistas de la historia, incluido "el pueblo" en términos genéricos. Hay un ordenamiento del material muy diferente al de los libros anteriores; el efecto "resumen" es notorio y explícito. Más aún: el punto de vista es estrictamente de Moshé, obsesionado con el Jordan y la tierra que yace del otro lado; es una perspectiva estrictamente personal, cuando en los otros cuatro libros la perspectiva era de un narrador omnisciente, o sea, dios.

Dicho esto, la vastedad, profundidad, y detalle del texto obliga seleccionar el foco. Si intentamos un resumen, diría que "Ree" es acerca de: la idolatría; la alimentación; el contrato social; y las tres festividades de peregrinación: Pesaj, Shavuot, Sucot.

El texto abre con una opción: se puede elegir. Una elección supone bendición, la otra maldición; ambas opciones yacen al otro lado del río, en la "tierra prometida". No se condiciona el destino del pueblo, la promesa divina de la tierra; lo que se condiciona es la conducta una vez en la tierra. Si dios ha cumplido su parte, el pueblo debe cumplir la suya. Aun así, en el mero enunciado de opciones, se reconoce implícitamente la posibilidad de conductas no adecuadas. En ese sentido, la idolatría es la falta más grave. A tal punto, que uno debe convertirse en "guardián de su hermano" y perseguir a quienes se desvían de la conducta indicada.

La interpretación literal de este texto es la causa de que judíos juzguen a otros judíos en su forma de entender no sólo el texto sino el cumplimiento de los mandamientos divinos (mitzvot). Hay quienes se erigen en jueces y en el proceso pueden oscurecer los tenues límites entre celo religioso y moral humana lisa y llana. Con el pretexto de cumplir el mandamiento de corregir los desvíos de conducta en terceros hay quienes incurren en el agravio y la ofensa; sin profundizar en temas tales como corregir conductas homosexuales, por ejemplo.

El problema sin embargo no es el texto. Apenas uno lo confronta reconoce su tono amable, motivador, e inspirador. Si bien hay imágenes fuertes como apedrear al prójimo idólatra, uno puede entenderlas como parte del contexto histórico, del lenguaje bíblico en su totalidad. La historia del judaísmo prueba que estas prácticas son más un enunciado que una conducta ya que la capacidad interpretativa que está comenzando en Deuteronomio ya no se detendrá nunca. El texto ordena pero explica, prohíbe pero inspira. La lectura fanática corresponde a los fanáticos, no es parte del texto.

El versículo 13:1, "Todo lo que yo te mando has de hacer, sin añadir ni quitar nada", también es un enunciado difícil de entender a la luz de la modernidad y la creatividad humana tal como la entendemos hoy. Una vez más, este tipo de frase habilita conductas intransigentes y totales, absolutas. Sin embargo, sin duda no estaríamos hoy aquí como pueblo y como narración si no hubiéramos adaptado el texto a la realidad. El versículo parece negar el lado dinámico de la Torá, si es que podemos entenderla de ese modo. Tal vez pueda entenderse si en "Todo" incluimos lo dicho y lo no dicho; es decir, si nos dedicamos a llenar los vacíos del texto. Entonces el "todo" es tan grande como nuestra capacidad de recrearlo y aplicarlo.

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