Ekev
Constante: si el pueblo actúa de acuerdo a las instrucciones divinas (en boca de Moshé), será recompensado con creces; si no lo hace, será un pueblo más entre los pueblos a merced del destino común de todos los pueblos.
Es una propuesta simple, binaria: a la buena conducta se la premia, a la mala conducta, se la amenaza. Porque la verdad es que "el pueblo", los hijos de Israel y más tarde los judíos, no han tenido siempre una conducta a la altura de las aspiraciones divinas, y sin embargo bien que ha sobrevivido, crecido, fortificado y desarrollado. En La Tierra, y fuera de ella. Así como en el episodio del becerro de oro que se recuenta en esta parashá dios perdona y vuelve a escribir La Ley, la historia mostrará que así será en el futuro: al decir de Abraham frente a Sodoma y Gomorra, un justo o un puñado de justos merece salvación; del mismo modo que un rebelde o un grupo de tales será extirpado del pueblo, como Koraj. Dios promete y pacta con el pueblo, pero reconoce al individuo: maravillosa y creativa ambivalencia judía.
¿Qué pasa exactamente con los otros pueblos que Israel deberá enfrentar apenas cruce el Jordán para cumplir la promesa divina? El texto está lleno de matices. Por un lado dice en Deut. 7:16: "Destruirás a todos los pueblos que te entregue el Eterno sin que tu ojo se apiade de ellos y no caerás en la tentación de servir a sus dioses." A la luz de los acontecimientos de la semana pasada, este versículo justificaría los hechos; es claro y contundente. Sin embargo en el versículo siguiente Moshé entra en un discurso que hoy podríamos denominar de "coaching": ante el miedo cierto que sabe que cunde en el pueblo, refuerza el mandato de exterminio total a la vez que reconoce la magnitud de la empresa: "No te asustes de ellos, porque el Eterno tu Dios está contigo, grande y poderoso." (Deut. 7:21). Agrega: "No podrás acabar con ellos rápidamente, no sea que se multipliquen ante ti las bestias salvajes" (Deut.7:22)
Si leemos la biblia como historia, y a ésta como propone Paul Johnson como una larga, extensa continuidad de hechos, podríamos proponer que aún estamos enfrentados a esos mismos pueblos que dios nos promete exterminar como parte del pacto; a la vez que reconoce que el proceso no será ni fácil ni rápido. ¿Qué son "las bestias salvajes"? Acaso en una lectura moralista de la Torá sea nuestro "ietzer hará", nuestro lado animal y salvaje desatado como consecuencia de la sangrienta lucha; también ésta imagen tiene una actualidad pasmosa a la luz de los atentados de terroristas judíos de la semana pasada sobre "los otros pueblos". En una lectura simplemente metafórica, "las bestias salvajes" son los inagotables obstáculos que encontraremos en cuanto cunda la urgencia y no busquemos otros caminos, menos drásticos, para encontrar nuestro espacio entre los pueblos, temidos o vencidos. Cualquiera sea el resultado, la tarea demandará paciencia y tiempo.
Ni nosotros hemos cumplido nuestra parte del pacto a la perfección, por más que se esfuercen los ultra ortodoxos, ni dios ha cumplido la suya. Otros pueblos siguen habitando nuestra tierra y reclamando su derecho sobre ella; otros pueblos la tomaron para sí y hasta nos expulsaron de ella. Hemos vuelto, una vez más. Acaso es todo un mismo proceso. Los tiempos bíblicos siempre fueron extraños a los tiempos tal como entendemos el tiempo hoy: instantáneo.
Así como en Deut. 8 Mohsé instruye al pueblo a ser humilde y no creerse omnipotente, sino reconocer la incidencia divina en todo lo que ha sucedido y sucederá, tal vez sería bueno leer "Ekev" como una actitud de humildad y respeto al mundo que nos rodea. en definitiva, nuestra supervivencia no surge de una lectura directa y literal del texto sino de un entendimiento simbólico y alegórico.
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