Beha-haloteja
Es sin duda una parashá compleja
y extensa, llena de episodios, instrucciones, y situaciones personales. La lectura
salta de un tema a otro y el texto parecería cubrir el amplio espectro temático
de La Biblia.
Sin embargo, si quiero intentar
usar una palabra para describirla, debo decir que ésta es una porción de la
Torá sumamente sensorial: hay luz, fuegos, nubes (por lo tanto nieblas),
sonidos, silencios, movimiento, gula, y lepra, la enfermedad de la piel por
excelencia; nada más sensorial que la piel.
Daría la impresión que, después
de extensas instrucciones y descripciones, las cosas empiezan a moverse: no
sólo los Hijos de Israel comienzan a trasladarse de un lugar a otro, sino que
empiezan a interactuar con el culto. Además de apelar a los sentidos tanto de
los protagonistas como del lector el texto apela a la implementación práctica
de todo lo predicado hasta aquí. No en vano Moshé debe reunir setenta ancianos
para que “profetizen” con él; incluso se alegra de que todos quieran “profetizar”
en Números 11:29, abriendo así una de las primeras rendijas de diversidad en el
seno del pueblo. Claramente, Moshé instruye a Iehoshua Bin Nun a dejarlos hacer
en un acto de delegación implícito pero no por ello menos importante.
Comenzar a lidiar con el culto
tal vez sea la primer aproximación a una “halajá”, implementación de la ley que
también denota movimiento. Hasta ahora sólo hemos tenido instrucciones: desde
aquí volvemos a movernos, no sin dificultades, no sin ayuda, pero hay
movimiento. También hay más sabios, también hay disidentes que no son
castigados (Eldad y Medad), pero sobre todo hay un ajuste entre la palabra
divina y la realidad humana. Si bien será dicho mucho más adelante, ya aquí la
Torá deja de estar en los cielos para convertirse en algo terrenal, humano, a
nivel de piel, pasible de errores y de perdones. Aunque vengan a través de la
purificación.
Pero si hablamos de lo sensorial
lo más efectivo del texto es la luz del candelabro (no en vano la porción se
llama “cuando enciendas”) que lo abre. Esa luz atraviesa el texto de principio
a fin ofreciendo claroscuros renacentistas que, tal como la técnica pictórica,
sirven para resaltar los elementos. Es que una vez que comenzamos a movernos no
sólo salimos del estatismo pasivo, sino que debemos ir resolviendo los asuntos
en la medida que avanzamos. Tal como lo entiendo, aún estamos en eso. Lo importante
es no perder la luz.
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