lunes, 8 de junio de 2015

Beha-haloteja

Es sin duda una parashá compleja y extensa, llena de episodios, instrucciones, y situaciones personales. La lectura salta de un tema a otro y el texto parecería cubrir el amplio espectro temático de La Biblia.

Sin embargo, si quiero intentar usar una palabra para describirla, debo decir que ésta es una porción de la Torá sumamente sensorial: hay luz, fuegos, nubes (por lo tanto nieblas), sonidos, silencios, movimiento, gula, y lepra, la enfermedad de la piel por excelencia; nada más sensorial que la piel.
Daría la impresión que, después de extensas instrucciones y descripciones, las cosas empiezan a moverse: no sólo los Hijos de Israel comienzan a trasladarse de un lugar a otro, sino que empiezan a interactuar con el culto. Además de apelar a los sentidos tanto de los protagonistas como del lector el texto apela a la implementación práctica de todo lo predicado hasta aquí. No en vano Moshé debe reunir setenta ancianos para que “profetizen” con él; incluso se alegra de que todos quieran “profetizar” en Números 11:29, abriendo así una de las primeras rendijas de diversidad en el seno del pueblo. Claramente, Moshé instruye a Iehoshua Bin Nun a dejarlos hacer en un acto de delegación implícito pero no por ello menos importante.

Comenzar a lidiar con el culto tal vez sea la primer aproximación a una “halajá”, implementación de la ley que también denota movimiento. Hasta ahora sólo hemos tenido instrucciones: desde aquí volvemos a movernos, no sin dificultades, no sin ayuda, pero hay movimiento. También hay más sabios, también hay disidentes que no son castigados (Eldad y Medad), pero sobre todo hay un ajuste entre la palabra divina y la realidad humana. Si bien será dicho mucho más adelante, ya aquí la Torá deja de estar en los cielos para convertirse en algo terrenal, humano, a nivel de piel, pasible de errores y de perdones. Aunque vengan a través de la purificación.


Pero si hablamos de lo sensorial lo más efectivo del texto es la luz del candelabro (no en vano la porción se llama “cuando enciendas”) que lo abre. Esa luz atraviesa el texto de principio a fin ofreciendo claroscuros renacentistas que, tal como la técnica pictórica, sirven para resaltar los elementos. Es que una vez que comenzamos a movernos no sólo salimos del estatismo pasivo, sino que debemos ir resolviendo los asuntos en la medida que avanzamos. Tal como lo entiendo, aún estamos en eso. Lo importante es no perder la luz.

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